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Círculo de iluminación

Eva Orúe

El runrún

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Al fondo, Estopa: Suena el runrún de mi mundo marrón, doble ración de realidad común…

Sí, había un runrún en el mundillo, que explotó ayer en ElConfidencial.com: Santillana vende Alfaguara y sus sellos literarios a Random House.

«Lo anunciarán el día 23», me había dicho días antes un editor. Sólo le quedaba una duda: el destino de la división educativa, infantil y juvenil, esa que algunos creían destinada a Planeta pero que la citada información asegura que Prisa retendrá «para no perder influencia en Latinoamérica». Parece lógico, después de haber alcanzado un acuerdo en virtud del cual el Grupo Santillana recibirá un préstamo de 25 millones de euros otorgado por IFC, miembro del Grupo Banco Mundial, para «mejorar el acceso en América Latina a un currículum educativo de alta calidad basado en el desarrollo digital de contenidos, servicios y otras herramientas que permitan afrontar los retos educativos del siglo XXI», el llamado Sistema UNO.

En las editoriales afectadas, silencio. Pero el mundillo se remueve, entre reivindicado («ya te lo decía yo») e incómodo («pero, ¿cuánto poder va a acaparar esta gente de Bertelsmann?). To be continued…

Industria

Leo unas declaraciones de Enrique Vila-Matas: “El triunfo del best-seller superficial es impresionante y se ha producido en muy pocos años. Pienso que va en contra de la industria de la literatura”.

Me respingo al ver juntas las palabras «industria» y «literatura». «Industria editorial», vale, pero de la otra no sé si hay noticias… Y la industria editorial vive no de la literatura, sino del libro. Ese artefacto.

Pero, hablábamos de industria… Tengo en mis manos el folleto en el que los tres establecimientos FNAC Barcelona anuncian las firmas del 23 de abril. Son muchas, decenas, y están fraccionadas por horas. Veo, veo, que Amin Maalouf coincidirá con Vicky Martín-Berrocal, que Andreu Martín firmará no lejos de María Teresa Campos, que Rosa Montero compartirá tramo horario con Adolescentes.cat, y que Rafael Chirbes podrá pedirle la hora a Gemma Mengual.

Ahora piensen quién hace más por la industria, y quién más por la literatura. Y si les salen dos listas coincidentes, háganselo mirar.

En torno al Día D...el Libro


1.- Los pequeños se reivindican. En Barcelona, y gracias a Nosaltres som els altres (Nosotros somos los otros), iniciativa que se puso en marcha ayer en la librería Documenta, que pretende demostrar que los pequeños desempeñan un papel fundamental en el mundo editorial, y que se expondrá el día 23 en una parada que se situará en La Rambla.

2.- Libros y Cía. Madrid vivirá una nueva edición de la Feria Editorial Independiente Libros Mutantes, proyecto de difusión e investigación en torno a las relaciones entre edición y las artes visuales que vuelve a La Casa Encendida.

3.- Sapp Jordi. www.yayaki.com ha desarrollado una aplicación para el Día del Llibre que, por lo que sé, no ha sido aún publicada en el App Store de Apple pero sí está disponible en Google Play (Android).  Su objetivo: que nadie pueda decir «no encontré a tal autor» o «se me pasó la hora». La aplicación ofrece dos formas de acceder a  la información: por autor (listado en orden alfabético, y cada uno con la información de las horas y lugares donde firmará) y por horas. Quedan días y mejoras, pero ahí está la tecnología en apoyo del esforzado coleccionista de dedicatorias.

Revolución


La crisis económica es un factor de cambio; el otro es la revolución tecnológica que propicia un nuevo paradigma editorial.

De entrada, adiós a los intermediarios que no aportan valor añadido, o no aportan el que requieren los nuevos tiempos. De ahí el terremoto que está sacudiendo el sector de la distribución. Un terremoto, valga la contradicción, silencioso, que pasa casi desapercibido porque las distribuidoras no son empresas conocidas por el gran público, pero radical.

A principios de año cerró Enlaces, nacida en febrero de 2008 gracias al impulso de Anagrama, Ariel, Crítica, Paidós, Península, El Aleph y Luciérnaga, editoriales que se reorganizaron en función de sus afinidades (Anagrama volvió con Antonio Machado; Tusquets se incorporó a la distribuidora de su grupo adoptivo, Planeta…). 

Ahora, el anuncio por parte del acuerdo alcanzado por SGEL Libros con las editoriales Edhasa, Castalia y De Vecchi para incorporarlas en su catálogo de distribución en exclusiva a nivel nacional apenas oculta otro catacroc: la presentida desaparición de Mensajerías del Libro SA, Melisa, de la que las tres editoriales tránsfugas eran accionistas.

Y me curo en saludo escribiendo «presentida» es porque, oficialmente, su concurso de acreedores tiene por objetivo procurar su continuidad, algo que nadie acaba de creerse.

Y eso tiene contentos a (algunos) libreros.

Como probablemente sabrán, el del libro es un negocio peculiar. Los libreros no compran los libros, sino que Salvo excepciones, encargan los que creen que van a vender. Y si no lo logran, los devuelven a la distribuidora.

Por eso, cuando una editorial cambia de distribuidor, los vendedores se quedan con un stock con el que a veces no saben qué hacer: la distribuidora abandonada no admite esa devolución, y la nueva no se hace cargo de libros que ella no repartió.

Pero si la distribuidora se evapora… Entonces, entonces (y por decirlo brutamente) los libreros tienen que comerse los libros que les sobran. Y en ocasiones eso sucede cuando tienen con el distribuidor que cesa su actividad  un saldo a su favor que no siempre es fácil recuperar.

¿Sobran también las editoriales?

Eso parecen pensar algunos escritores, como Orna Ross y Polly Courtney, que en la Feria de Londres explicaron a todo aquel que quiso escucharlas por qué rompieron sus contratos con Penguin y HarperCollins y optaron por la autopublicación.

Ojo: de lo que ambas prescinden es del publisher, no del editor porque admiten que sus textos necesitan edición; cosa distinta es quién los publica. En cuanto al futuro, sugieren que la conjunción de autores independientes, librerías independientes y editores independientes unidos por un acuerdo de colaboración puede ser la clave del éxito.

¿Traduces?

Uno de los «intermediarios» que no desaparecerá es el traductor. Pero eso no significa que tenga una vida fácil, habida cuenta de las tarifas que pagan (cuando pagan) ciertos editores.

Por eso da gusto cuando traductoras senior como Mercedes Corral (que, entre otras cosas, ha sido directora de la Casa del traductor y traducido, entre otros, a Natalia Ginzburg, el Nobel Le Clézio o Georges Simenon) y Pepa Linares de la Puerta (traductora, entre otros, de Norberto Bobbio, Bernard Malamud o Muriel Spark) se animan a poner en marcha un Taller de traducción de literatura italiana (20 horas repartidas en 8 sesiones de 2,30 horas un día a la semana) parta el que ya están reclutando participantes.

El correo al que han de dirigirse quienes estén interesados lo dice todo: aventuradetraducir@gmail.com.




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