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Errata

Evaristo Aguirre

Bohemio

Cuando lees de las vidas de esos bohemios de finales del siglo XIX y principios del XX, siempre tiesos, con hambre y frío como señas de identidad, especialistas del sablazo, talibanes de su escritura, de su estilo, aferrados a odios o a amores literarios indiscutibles e innegociables; cuando lees de esas vidas y sientes cierta fascinación por los personajes, puede que resulte pertinente preguntarte si soportarías a uno de estos tipos a tu lado, ahora; es más, quizá conozcas a alguien parecido al que puede que evites siempre que sea posible y del que pienses que es un tremendo pelma. Ay, los peligros de la mitificación.


Sevillano de origen griego, Alejandro Sawa (Sevilla, 1862-Madrid, 1909) es un bohemio de manual, no exactamente de manual de literatura, pues no es un nombre tan conocido de las letras españolas, pero tiene su reputación. Su obra póstuma, y según algunos, una de las principales, es Iluminaciones en la sombra, de 1910, recuperada por Nórdica Editores, con el prólogo original de Rubén Darío, y otro nuevo de Andrés Trapiello. No es una novedad, pues se publicó en 2009.

Iluminaciones en la sombra consta de entradas, más o menos presentadas como si fuera un diario, mediante las cuales Sawa comenta hechos de actualidad, hace alusión a sus experiencias en París (donde vivió y frecuentó a algunos grandes escritores, como Verlaine), divaga, escribe una especie de relatos cortos, algunos brillantes, reflexiona sobre política y sobre algunos políticos y habla de sí mismo, porque para qué vas a escribir, en especial un libro de estas características, si no es para hablar un poco de ti, para que los demás, esos demás que estarán detrás de las páginas, incluso cien años después, sepan un poco más de tu manera de pensar, de tus destrezas (estilísticas, por ejemplo), de tus debilidades incluso, pero también de aquellos espacios en los que has podido destacar.

Debió de ser un poco insufrible este Sawa, pobre hombre, siempre queriendo sacar unos duros para sobrevivir, ofreciendo sus textos y vendiendo o empeñando muebles y otros enseres: Y sableando, y contando a todo el que le escuchara un rato, en alguna taberna de Madrid, sus días dorados en París. Alguien, como usted y como yo, le evitaría (“otra vez Sawa, cualquiera le aguanta esta noche…”), seguro, sin sospechar que lo que podía contar era interesante, o peor, leyéndolo luego, unos años más tarde y dándose cuenta de que ahí había mucha literatura.


eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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