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Viajar al óleo

Armando Cerra

Túnez, al estilo de Paul Klee

Para un personaje tan inquieto como el pintor Paul Klee el viaje que hizo a Túnez en 1914 fue toda una revelación para su arte. No es de extrañar que cuando llegara este suizo de nacimiento y alemán de adopción a tierras tunecinas se quedara impresionado. Es lógico que viniendo de las típicas atmósferas grises del corazón de Europa, al desembarcar en Túnez escribiera en su diario:

El sol es de una fuerza siniestra. La claridad de los colores en el país es prometedora […] Siento que voy trabajar bien aquí.” Fue su primera impresión nada más llegar a la localidad costera tunecina de Saint Germain.

A lo largo de las siguientes semanas seguiría viajando por el país. Fue hasta Sidi-Bou-Said y paseó por ese pintoresco lugar asentado en un acantilado sobre el Mediterráneo. Luego fue a Cartago y admiró las ruinas de lo que hace milenios fue la capital del Mare Nostrum. Y después se bañaría en las playas de arenas blancas de Hammamet, sin duda mucho menos atestadas de turistas que en la actualidad.

Todos esos lugares quedaron retratados por su arte. Pero fue el destino final de su viaje, la ciudad de Kairouan el lugar que más le impresionó y el que más obras les inspiró. Una de ellas: el cuadro que encabeza estas líneas.


"Vista de Kairouan", de Paul Klee

Allí, la Gran Mezquita y la Mezquita de la Tres Puertas convierten a Kairouan en la cuarta ciudad santa del Islam, y por ello todo queda encerrado en un recinto amurallado que los infieles tenían prohibido franquear siglos atrás. Sin duda, Klee quedó fascinado por el lugar y no pudo reprimir las ganas de traspasar sus sensaciones a su diario:

“Me siento tan profunda y suavemente compenetrado con el ambiente, lo siento y me siento seguro, sin esfuerzo el color me tiene dominado. No necesito buscarlo fuera. Me tiene para siempre, lo sé bien. Y éste es el sentido de la hora feliz. Yo y el color somos uno. Soy pintor.”


"Al estilo de Kairouan", de Paul Klee

Antes de eso, él se consideraba más un dibujante que un pintor. Pero a sus 35 años, Túnez le transformaría en artista, uno de los más importantes de las vanguardias históricas europeas, cuya obra a veces fue expresionista, otras abstractas, en ocasiones de carácter cubista y hasta de tono surrealista.

En cada una de esas fases de su arte, siempre le acompañaron las lecciones de color aprendidas en Túnez, cuya máxima expresión es su acuarela Al estilo de Kairouan, para cuya inspiración nos lo podríamos imaginar ante un montón de babuchas magrebíes, entornando los ojos, filtrando las formas y sobre todo los colores, y traspasando su visión mental a los pinceles.


"Babuchas magrebíes", de Mónica Grimal

Visita la web del autor:
www.maletadevuelta.blogspot.com




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