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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Hacer el amor


Los caprichos, o ganas de complicar el asunto, de la edición en España, han hecho que la famosa trilogía sobre el fin del amor del grande entre los grandes, Jean Philippe Toussaint, nos haya llegado fragmentada.

Por mi lado, yo leí primero el segundo volumen, Huir (en edición argentina). Luego el tercero, Marie (Anagrama), y por último, la primera parte, Hacer el amor (Siberia). Y obviamente me he visto obligado a hacer una recolocación mental a su orden natural, tal y como las pensó y escribió este portentoso escritor francés del famoso sello Minuit.

Afortunadamente para mí, poseo una mente entrenada para ello, algo que debo agradecer al proyeccionista del cine de mi pueblo que solía, a veces, equivocarse de bobina y pasar la cuarta antes de la tercera, o la segunda después de la cuarta y allá se las apañara el espectador para hacer la cuadratura del círculo del argumento con personales palantes y patrás que explicaran aquel galimatías que habíamos visto en pantalla. Este entrenamiento previo, me ha servido en multitud de ocasiones para ensamblar lo insamblable.

Hacer el amor, y las siguientes entregas de la trilogía, se han convertido  así en la ruptura más larga de una pareja jamás novelada en Occidente: van ya para diez años y tres novelas que están en ello. Y parece ser, por declaraciones del autor, que aún habrá más entregas. En esta primera parte Marie y el protagonista narrador llegan a Tokio donde va a celebrarse una exposición de la marca de ropa Allons-y Allons-o que ella diseña. Aquí va a producirse el comienzo de la dilatada ruptura de la pareja. Escenario: el sofisticado hotel donde se hospedan y el Museo donde se celebra la exposición, que no le va a la zaga. Uno de los muchos terremotos que sacuden a menudo la capital japonesa servirá de metáfora del seísmo sentimental por el que atraviesa la pareja.

Toussaint, que en mi personal criterio  es uno de los mejores escritores actuales, abandonó con esta novela aquel humor formalista que caracterizó sus primeras obras —algo que sorprendió al lector por unir dos cosas a priori tan opuestas como formalismo y humor con los que, este heredero del Noveau Roman, tejió miniaturas minimalistas de gran calado literario— y se lanzó en brazos del amor; eso sí, “complicado”. Especialista en el detalle, recrea con una fidelidad luminosa  e impactante ese tiempo en el que entra la relación de dos personas cuando ese sentimiento que los ha mantenido unidos empieza a diluirse e intentan todo lo posible por mantenerlo vivo.

Hay un tercer protagonista que es el decorado, esa mezcla irreal entre modernidad scyfy y tradición medieval que es el Japón , tan cercana, por otro lado, al estilo del autor, que es capaz de captar el detalle menos importante, explicitando, a la vez, su trasfondo lírico y nomotético.

Una historia para paladares acostumbrados a degustar una literatura viva, flaseante, llena de sabores con la que Toussaint comenzó un historia de la que ya van tres entregas de progresivo interés y calidad literaria.




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