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Errata

Evaristo Aguirre

Maquetas y descartes


A la achuchada industria discográfica le quedan pocos recursos para vender discos. Uno de ellos es la reedición de algún trabajo emblemático o destacado cuando se cumple un aniversario cualquiera de su publicación, al que se le añaden una versión en vinilo, algún disco con tomas de las sesiones de grabación, las maquetas previas, los descartes y, si es posible, esas canciones interpretadas en vivo, y también fotos y textos puestos al día y… “son 80 euracos, caballero, gracias por utilizar nuestra tienda on line, vuelva cuando quiera”.

Acaba de pasar con el Rumours, el disco de Fleetwood Mac de 1979 (sí, sí, lo he comprado). Cuando este disco estaba en todas las fiestas a las que te invitaban y se ponía una y otra vez, su música me resultaba ajena porque andaba escuchando a The Clash, Elvis Costello, Television, The Jam y cosas así, de manera que no le presté nunca mucha atención. Por mis manos (o mejor dicho, por mi pletina) pasaron sus canciones en cintas grabadas por algún colega (no sospechábamos que esas cosas se terminarían llamando mixtapes, fíjese usted qué cosas), pero al cabo de los años, tantos años, Rumours me suena más cercano, mejor, más bonito. Me gusta mucho.

Y va alguien a quien respeto mucho como periodista (musical) y escribe un artículo al respecto; y me pasa lo que decían que les ocurría con sus artículos las lectoras de Antonio Gala: “Ay, señor Gala, es que usted dice lo que yo pienso pero no sé expresar…”. ¿¿Pero qué me está pasando??

Ha sido Ignacio Julià quien ha escrito sobre su cambiante relación con Rumours. Desde la revista Vibraciones hasta Ruta 66, pasando por Rock Espezial y la primera época de Rockdelux, leí mucho a Julià, me ha enseñado mucho sobre música y mucho sobre periodismo; fue con un estupendo texto suyo sobre Simple Minds, un grupo que nunca me interesó demasiado, con el que decidí que quería dedicarme a eso de ser periodista.


Esto de que algo no te guste y con los años cambies de opinión, me ha pasado con la música, pero menos con los libros. Con los libros, he sentido a veces que no podía avanzar más y lo que ocurría es que no era el momento, y pasado un tiempo por aquella lectura encallada te deslizabas con placer. La vida perra de Juanita Narboni, de Ángel Vázquez, es un ejemplo de esto.

¿Y lo de las maquetas y los descartes?, ¿no podría haber algo parecido para los libros? Sí lo hay, en ocasiones se publican anotaciones, páginas corregidas, párrafos cambiados… Hay que admitir que tiene menos gracia que escuchar la primera versión, un poco torpe, tirando a cruda, a veces más fresca de una canción que te gusta. Pero hay casos en los que las maquetas literarias, las sesiones de grabación o de preparación de una novela, son muy buenas.

Poco puedo decir de un libro excelente como El gran Meulnes, la única novela de Alain-Fournier, muerto en la guerra en 1914, a los 27 años. Diez años después, su hermana y su cuñado recogieron textos de muy variada especie relacionados con aquella gran novela y los publicaron bajo el título de Miracles (Milagros). Me topé hace unos meses con una edición de bolsillo (¡ay, las ediciones de bolsillo francesas!) de este libro (Livre de poche) y es lo más parecido (en interés, en disfrute) a los discos con maquetas y descartes, y a las fotos y a los textos que acompañan la edición de luxe del Rumours.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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