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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Weekend


Ésta es una de las más maduras e inteligentes historias de amor entre dos hombres del cine reciente. Con solidez y transparencia narrativa nos acerca al romance entre Rusell (Tom Cullen) y Glen (Chris New), dos jóvenes de caracteres bien diferentes que se topan en un bar de ambiente e inician un idilio que apenas dura dos días, pero marcará sus vidas o al menos la trayectoria del protagonista, Rusell, un socorrista que no puede salvarse a sí mismo. Sin ningún tremendismo, el director Andrew Haigh nos muestra el heterosexismo y la homofobia soterrada del mundo en que Rusell se mueve frente al desparpajo de este eterno y locuaz estudiante de arte en busca de respuestas. La sobria pero matizada interpretación del protagonista (escrutado a través de la cámara en su doméstica cotidianeidad) y la atención de Haigh a la duración de los planos hacen de Weekend un filme mucho más denso y compacto de lo que aparenta.

Dos hombres y un escenario. Dos hombres y dos destinos. El carácter efímero y a la vez duradero del afecto. Lo importante sucede en el ambiente que rodea a la historia entre los dos, a través de sus gestos, sus comportamientos, sus aspectos, se siente la opresión, los miedos, las ganas de huir, de cambiar las cosas. Las relaciones complejas con la sexualidad y el armario y la atracción de los polos opuestos. También un tímido desafío a una sociedad todavía conservadora, contradictoria, tradicional y poco sincera.

Una apuesta lírica, sensual e intimista donde la mayor parte de la acción de la cinta se sitúa en la casa de Rusell desde donde mira por la ventana un mundo, a ratos hostil o indiferente, que cambia de aspecto en su “breve encuentro” con Glen, mucho más desinhibido y deslenguado que en un acto muy foucaultiano le obliga a hablar ante una grabadora de su sexualidad y de lo que le atrajo de él así como de su limitada vida social. Weekend insinúa más que muestra, y no me refiero a las escenas de sexo —totalmente desprejuiciadas, directas y muy carnales— sino a la historia de soledad y lucidez que nos narra a través de pequeñas pinceladas urbanas de la ciudad, bellamente fotografiada, de Notthingan.

No falta algún guiño a la película Brief encounter de Lean o Desert Hearts de Donna Deitch en la tensa despedida en la estación, pero Weekend opta por un tono sereno y un lenguaje muy personal, por no dar soluciones fáciles sino plantear interrogantes y, dosificando el humor, la ternura y el drama, con una fotografía a la vez realista y elaborada, nos acerca a un idilio breve pero intenso y al mundo interior de un hombre contemporáneo.

Dos días




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