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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

El sol de Argel


Esta es la historia de dos hermanos gemelos Matías y Martín. A los treinta años y con un futuro prometedor como arquitectos, uno de ellos, Matías, se suicida. Noqueado y desorientado, Martin, el otro, emprenderá una búsqueda para entender por qué su hermano decidió quitarse la vida, búsqueda que cambiará radicalmente su vida. De paso, como en toda aventura con tintes odiséicos, el protagonista, en el camino, se descubrirá a sí mismo y perderá la inocencia.

Bajo la estructura de un noir, El sol de Argel (Carena), de la novel Esther Ginés, nos propone un viaje personal, que partiendo de un suceso traumático para el protagonista, le llevará a un viaje iniciático que en las distintas etapas de su desarrollo, le permitirá entender los verdaderos motivos que impulsaron a su hermano a terminar con su vida, y de paso, a descubrir sus propios y escondidos resortes. La figura del hermano muerto le sirve a la escritora como metáfora del espejo que nos refleja y que al final le mostrará la única verdad: que cada unos somos responsables de nuestros propios actos.

Desde el título, El sol de Argel, le debe mucho a una de las obras mayores de Albert Camus, El extranjero, y a su protagonista Mersault, un hombre que muere por su verdad y es juzgado por ello. De hecho se convierte en un especie de mapa de carreteras por del que se sirve el protagonista para llevar adelante sus pesquisas. Hay también en la historia ecos de El hombre duplicado de Saramago. Con estas dos columnas donde basar sólidamente su historia, Esther Ginés levanta su novela y sin grandes tropiezos logra llevar al lector interesado hasta su final.

¿Defectos? Los tiene sin duda, como toda primera obra, y no es el mayor de ellos su aparente limpieza narrativa debida sin duda a su paso por talleres literarios que todo lo estandarizan. El día que la autora se decida a abandonar ciertas enseñanzas y corsés literarios de manual de escuela, estoy convencido de que aparecerá la buena escritora que, sin dudarlo, llegará a ser. Hechuras no le faltan y por las costuras de su primera novela ya deja entrever que puede llegar lejos. Me agrada sobre todo que vaya siempre al grano y no entretenga al lector en introspecciones o descripciones que frenen el interés de la búsqueda de Martín en busca de su otra mitad oculta y desconocida. Un juego de espejos donde nada es lo que parece.




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