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Errata

Evaristo Aguirre

Lo sabe todo el mundo

Miro entre los libros que están sobre la mesa esperando ser leídos, algunos desde hace mucho tiempo, y me fijo en un volumen que recoge cuentos, no sé si todos, de Ernest Hemingway. Y me acuerdo de uno que se titula Los asesinos.

Sé algo del relato, sé lo que sabe todo el mundo, sé que es la base de dos estupendas películas que he visto; pero no lo he leído.

Ambas películas se titulan The Killers. La primera es de 1946 y en España se llamó Forajidos. Están Ava Gardner y Burt Lancaster. El director es Robert Siodmack. Puro cine negro clásico.



La otra versión es de 1964 y en España le pusieron Código del hampa, que es un título que está muy bien; esta cosa rara de cambiar los nombres de las películas a veces da buenos resultados. Ella es Angie Dickinson, acompañada de Lee Marvin y John Cassavetes, y por allí anda, haciendo de malo, Ronald Reagan en la que fue su última película antes de emprender su carrera política pública. Una joyita sixtie, dirigida por Don Siegel.


Pues esta mañana, en un ratito, porque es muy corto, he leído esa historia que dio para tanto en el cine. Casi todo el mundo sabe de qué va el relato: dos tipos llegan a un bar, quieren cenar pero es temprano y el camarero les dice que solo les puede dar algún bocadillo o unos huevos. Hay otro cliente acodado en la barra, y un cocinero negro. Los tipos amordazan al estos dos últimos en la cocina y avisan al camarero de que han venido para matar a un hombre llamado el Sueco, ex boxeador, que cena a menudo en ese bar. No llega y se marchan. El cliente va al hotelucho donde vive el Sueco a contárselo todo y éste ni se inmuta, ni hace nada, porque sabe que su destino está escrito.

El lector puede imaginar todo lo que falta: por qué buscan al Sueco; qué hizo; quién es; a qué se debe su apatía resignada. Es lo que hicieron tan bien los guionistas de las dos películas mencionadas. Es lo que hacemos casi siempre que leemos.

The Killers (Los asesinos) se publicó por primera vez en 1927, en Scribner’s Magazine, y Hemingway podría haber cobrado 200 dólares por el relato. Hay varios cortometrajes, entre ellos uno de Andre Tarkovsky, basados también en este estupendo texto.

Cuentos, de Ernest Hemingway, con la traducción de Damián Alou y un prólogo de Gabriel García Márquez (DeBolsillo, Barcelona, 2011).

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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