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Círculo de iluminación

Eva Orúe

El estado de la cuestión

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Pisuerguismo

Quienes me leen saben que esa palabra, pisuerguismo, que tomo prestada a mi amiga María José Sastre, hace alusión a alguna circunstancia en la que sea adecuado decir: «aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid».

En este caso, pisuerguistas han sido los amigos del gabinete de prensa de Ediciones B quienes, listamente, se han servido del escándalo del espionaje en Cataluña para repromocionar el último álbum de Mortadelo y Filemón. Lo mejor de todo es que no han tenido que forzar mucho las cosas, porque Francisco Ibáñez anticipó en ese cómic lo que estamos viviendo.

«La escena en que un espía se infiltra en un restaurante presenta sorprendentes (y cómicos) paralelismos con la realidad», leo en la nota de prensa. Y tienen razón.


Sigue: «A lo largo de su dilatada trayectoria, Francisco Ibáñez ha demostrado en numerosas ocasiones su especial talento para abordar, siempre con su inconfundible humor, distintos temas de actualidad. En este caso ha dado un paso más al adelantarse a las noticias en este tebeo casi premonitorio».

Lo curioso es que no es la primera vez. Algunos recordarán que en la viñeta final de la aventura titulada El 35 aniversario, publicada en 1993, aparece una ilustración en la se aprecia claramente como un avión colisiona contra una de las Torres Gemelas de Nueva York.


El 18 de septiembre de 2001, la editorial confirmó que la viñeta se había publicado «tal y como aparece reflejada en esta noticia. La ilustración no ha sido objeto de ningún tipo de retoque ni manipulación y la tremenda coincidencia, no es más que eso, una amarga casualidad del destino».

Ideas, ideas, ideas

¿Lo han notado? Cada vez que decimos «no saben qué inventar» (otra frase hecha) es porque a alguien se le ha ocurrido una idea nueva.

Como la que en breve pondrá Yoav Lorch con su plataforma de lectura llamada Total Boox. ¿La novedad? Los lectores pueden descargarse el libro entero, pero solo pagan por lo que lean.

¿Leen el 10%? Pagan el 10% del precio total. ¿El 37%? Pues el 37%. Si lo dejas porque no te gusta pierdes poco, y ni siquiera llegas a abrirlo, no pagas nada.

Lo dicho: no saben qué inventar.

Los libros, según sus portadas


Desde hace algunos años, C. Max Magee, creador de The Millions, realiza una comparativa entre las cubiertas estadounidenses y las británicas de determinados libros. «Judging Books by Their Covers», lo llama, y la última edición está aquí. Les animo a leerla.

No quiero yo entrar en un análisis pormenorizado, lo mío es apuntar posibilidades, no apurarlas. Pero inspirada por Magee he dedicado un ratillo a ver cómo son las portadas originales de algunos libros traducidos al español. Y también he buscado ejemplos de libros escritos por autores de aquí que encuentran público más allá de nuestras fronteras y nuestro idioma. Nada científico, ya digo, apenas un florilegio.


Muchas veces, ustedes lo saben, las ediciones españolas respetan las cubiertas originales, modificando si acaso la fuente utilizada, lo cual produce mínimas variaciones.

Pero lo importante, la idea, el diseño, está ahí.

Es lo que ocurre con el último libro de J.K. Rowling que ven más arriba...

... y también con las celebérrimas 50 sombras de Grey que reproduzco a la derecha.


Otras veces, el motivo original está ahí, como una seña de identidad que el editor que traduce la obra no quiere perder.

Lo cual no significa que no altere a conciencia todo lo demás: fuente, colocación del título, relevancia del nombre de (en este caso) la autora…

¿Qué va de una portada a otra?

Sensibilidad artística, adecuación a los gustos de cada país, quizá conflictos con el copyright de las imágenes utilizadas…


Las portadas estadounidense, británica, española, francesa, alemana e italiana de este libro de Ken Follett demuestran que no todos apuestan por la misma línea, por la misma estética.


 

Es frecuente, y la edición inglesa de Los enamoramientos viene a corroborarlo, que la portada original sea utilizada por las de las traducciones pero ampliando un detalle, centrándose en lo que consideran fundamental.

A los editores franceses, por ejemplo, de la cubierta original de este libro de Eduardo Mendoza únicamente les ha gustado el gato. Sólo el gato. Lo demás, fuera.


Por lo demás, las cubiertas de distintas ediciones de un mismo libro de Pérez Reverte (que en España también ha tenido sus avatares, entre otras cosas, porque hubo una edición en la que la portada estaba protagonizada por Viggo Mortensen) demuestra que no todos vemos igual al Capitán Alatriste.

El de la izquierda es el nuestro, un espadachín bien de aquí; el central pertenece a la edición británica y, no sé a ustedes, pero a mí la imagen me remite a las portadas de Guillermo Brown; la de la derecha corresponde a la edición italiana: si ese es Alatriste, definitivamente el encargado de dibujarlo lo ha confundido con Pancho Villa.





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