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Errata

Evaristo Aguirre

Sí, por supuesto


Sí, por supuesto, en primer lugar, políticos ineptos y corruptos; gobernantes que se pasan la democracia por el forro; banqueros ciegos a lo que se mueve a su alrededor; empresarios amorales; desfalcadores y estafadores; mentirosos; abusones; legisladores prevaricadores; ladrones; criminales; liberales con sueldo público. Y quienes no respetan los límites de velocidad en la carretera; y los padres que agreden a los maestros de sus hijos porque estos han sacado malas notas; y médicos de la sanidad pública que operan por las tardes para cobrar más; y fulanos que dejan el coche donde cae, en segunda o tercera fila en una ciudad atestada e incontrolada; y tipejos que pegan y matan a sus mujeres; o impresentables que miran para otro lado y salen corriendo cuando su perro ha cagado en medio de una acera; y especuladores de medio pelo o de pelo entero; ah, y esos periodistas que vocean hasta cuando escriben y que están a sueldo de alguien más poderoso. Pero también los niños que acosan a otros niños en el colegio. Y… 

Que no todo es lo mismo; que hay prioridades; que se trata de empezar desde arriba. Sí, por supuesto. Y estamos tardando. Pero en el minuto siguiente a la limpieza de lo más alto de esta pirámide, tenemos que seguir por todo lo demás. No sé si nos comportamos mal (tómese cualquiera de los ejemplos de arriba) porque el ambiente social lo fomenta, o el ambiente lo permite porque nos comportamos de esa manera. En todo caso, da lo mismo. Aquí están pasando muchas cosas, se están riendo de nosotros y de un modo de vida construido durante unos cuantos siglos, con fallos enormes, sí, por supuesto, pero con unas ventajas muy superiores. Y se trata de defender –no de asumir que ya se ha agotado porque alguien lo ha decidido– un modelo en el que primaba el respeto por el individuo, por el ciudadano, en el que el objetivo era la igualdad de oportunidades (lo que incluye cositas tan tontas como tener derecho a una misma educación y a un mínimo de cuidados, así como a que una ley se me aplique igual a mí que, no sé, a una diputada por Madrid, por ejemplo). Por supuesto, sí, se trata de seguir sosteniendo que este es un buen modelo, que habrá que adaptar, pero no demoler. Que los niños no tienen que trabajar, que no valen nuevas formas de esclavitud, que nadie puede hacer las cosas sin control (ya se trate de comerciar con drogas o con bonos, por citar un par de casos), que la religión es para practicar en casa, y así un buen montón de asuntos.

Y toda esta diatriba, para hablar de un libro que dice algo parecido y más, y mejor, Una vida sin ayer, de Edoardo Nesi (Salamandra, con traducción de Teresa Clavel). De Nesi y de su La historia de mi gente ya hablamos aquí, hace unos meses. Nesi no es un antisistema, es el vástago de una familia de industriales textiles del norte de Italia a quien le tocó desmantelar el negocio familiar en los primeros coletazos de esta crisis que es en realidad una guerra de aniquilación de los muy ricos contra el resto del mundo. 

Edoardo Nesi está indignado –sí, por supuesto, indignado es la palabra, con todas las connotaciones que ha adquirido en los últimos tiempos– y en este libro, un texto, como el anterior, en el que se mezcla la memoria con la reflexión, lo autobiográfico con lo general, hace algo tan sencillo como contar lo que ve alrededor, lo que eso le hace pensar y también eleva un poco la voz, solo un poco porque es una persona bien educada, para que quede claro que no, que no será sin resistencia. No sé si él estaría de acuerdo, pero hay algo de “¡No pasarán!”, ten necesario, en este Una vida sin ayer.

Aquí va una sola muestra de su manera de expresarse:

“Por supuesto, yo no soy nadie y nada cuento, e indudablemente no sé ver el futuro en una bola de cristal, pero prometo zambullirme primero en un barril de pez y luego en un gran saco lleno de plumas, y recorrer cuatro veces el Corso Mazzoni de Prato corriendo, si Italia se recupera gracias a los viejos instrumentos liberales, como los recortes a lo público, las liberalizaciones y las privatizaciones; si los jóvenes empiezan a encontrar de nuevo trabajo; si, en suma, todo se arregla dejando actuar al mercado porque, simple y llanamente, así es como funciona”.


eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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