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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Las ventajas de ser un marginado


A partir de su propia novela, la opera prima de Stephen Chbosky Las ventajas de ser un marginado logra trascender, gracias a un guión inteligente y a una excelente puesta en imágenes, el incómodo y transitado subgénero en el que se inscribe: la comedia escolar, sentimental y adolescente venida del cine de Hollywood o el de las historias de iniciación inauguradas por El guardián entre el centeno de Salinger.

En las antípodas de American Pie o Porkys, la película de Chbosky lleva más lejos que otras de temática y personajes similares su disección irónica sobre la estupidez instalada en la vida norteamericana y sus instituciones más respetadas: la academia, la familia tradicional, la escuela, las relaciones de pareja…

Además del trabajo de Logan Lerman como Charlie, el tímido, sensible y aparentemente débil protagonista, destaca el tour de force interpretativo de Ezra Miller en el papel de un joven gay deshinbido y mordaz maltratado por una relación con Brad, jugador de rugby en el armario. Encomiable también el esfuerzo de Emma Watson por construir ese personaje diferente de Sam, la joven enamorada de un profesor petulante pero fiel a sus amigos y con una relación muy intensa tanto con Charlie —nuestro atribulado protagonista amante de la literatura y abrumado tanto por su entorno familiar como por su difícil integración en la vida comunitaria— como con Patrick (Miller), otra rara avis dentro de un entorno marcado por la estupidez, la chabacanería y la petulancia, entorno que el autor observa con cierta nostalgia y fascinación a través de una espléndida banda sonora, una brillante fotografía de Andrew Dunn y una cierta audacia narrativa en su mezcla de la comedia de enredo y el drama sociológico.

Contiene más de un giro oportunista y un final feliz algo acomodaticio, pero la cinta no elude los aspectos más oscuros de la compleja psicología de sus personajes y su imparable ritmo logra evitar que nos aburramos a pesar de algunos tópicos y clichés que el director y guionista manejan con soltura.

Las ventajas de ser un marginado no elude algunos de los lugares comunes de los dramas y comedias adolescentes venidas del cine indie reciente, con sus interminables fiestas y sus clases aburridas, sus ritos de paso e iniciación y sus romances condenados al fracaso, pero gracias a la solida construcción de los tiempos y los espacios y a la firme definición de los personajes principales consigue enganchar al espectador que se da cuenta progresivamente —gracias a la mirada caústica del realizador— que está asistiendo a algo mucho más negro y demoledor de lo que aparenta.

¿Qué ventajas son esas?




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