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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Cuatro por cuatro


Sara Mesa consiguió llegar a finalista del Premio Herralde de Novela del pasado año con una novela, Cuatro por cuatro (Anagrama), que retrata con pericia las relaciones de poder que se establecen en un internado, por un lado, entre los alumnos de pago y los becados y, por otro, la interacción de ambos con los profesores y la directiva. Una novela que habla en primera persona y sin trampantojos de la opresión, el aislamiento, la violencia, el sexo.

El internado que retrata es una especie de cápsula espacio temporal que se supone segura frente a la violencia exterior pero en la que, como en todos los lugares cerrados y jerarquizados, los problemas de adaptación y convivencia surgen rápidamente, y en donde, para sobrevivir, hay que elegir entre ser víctima o verdugo.

La narración se estructura en dos partes perfectamente diferenciadas y un epílogo.

La primera nos lleva a conocer la vida de los estudiantes en una sucesión continuada de cinematográficos short-cuts que retan al lector a ir componiendo el puzle que le propone la autora colocando las teselas que lo componen en su lugar exacto para tener una visión total de la historia. Ritmo trepidante logrado con excelente manejo de las elipsis y un misterio que se va materializando entre los muros de este mundo, aparentemente seguro, separado por vallas de un exterior que siempre intuimos peligroso. En esta parte, Sara Mesa describe con pericia la evolución de los personajes para adaptarse a una reglamentación no escrita, pero siempre presente y cambiante a la que se deben ir adaptando constantemente alumnos y profesores.

La segunda parte es el diario de un nuevo profesor, Isidro Bedragare, que llega al colegio para realizar una sustitución. La perspectiva cambia y ahora observamos el internado a través de la mirada de este hombre apocado, débil, al principio poco interesado en lo que pasa a su alrededor y que finalmente se irá implicando en este mundo de opresión y miedos y nos desvelará el enigma, que no por previsible, deja de interesarnos y que se resuelve en un esclarecedor y lírico epílogo.

Sara Mesa navega sin perder el rumbo por el río subterráneo de violencia que atraviesa este microcosmos, solo en apariencia tranquilo, donde nada es lo que parece, y en cuya singladura pocos autores se hubieran atrevido a adentrarse.




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