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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Picoteo

eorue[arroba]divertinajes[punto]com :: @EvaOrue :: #LaRedTambiénLee

Con M de Madrid

Desayuno en la Consejería Madrileña de Empleo, Turismo y Cultura. La señora consejera presenta sus planes. Y habla del Teatro Real. Y menciona a su director artístico, Gérard Mortier

… vamos, supongo que es de él. Porque al menos dos veces habla de un tal Mortimer al que atribuye afanes correspondientes al otro.

Cosas del directo.

Guiones extravagantes


Estoy terminando El cuaderno gris de Josep Pla, «una obra maestra en una edición renovada» por Destino.

Me llama la atención la cantidad de palabras que están separadas por guiones. No me refiero a las que quedan incompletas al final de la línea, sino a vocablos ubicados en mitad de un renglón.

Como no es la primera vez que observo el curioso fenómeno, pregunto a un amigo editor.

Quien me dice que es un problema con el Reconocimiento Óptico de Caracteres (OCR), es decir, resultado de un escaneado defectuoso. Que los editores habrán escaneado el texto de una edición antigua, y que cuando se hace semejante cosa, se producen esos saltos que requieren una corrección manual.

O sea, que lo que falla en este y en otros casos es la corrección tipográfica, si es que ha habido algo merecedor de ese nombre.

Lástima.

Que inventen ellos… pero que sepan que nosotros lo inventamos antes

Leí la noticia en ABC: «Una gallega ideó un lector de e-books en 1949». Venía firmada por Europa Press, que a su vez menciona a la fuente primera, la Agencia Sinc, donde el texto tiene un título como de lotería de la invención: «Doña Angelita, la inventora gallega del libro electrónico».

La protagonista es, en realidad, una leonesa afincada en Ferrol, Ángela Ruiz, inventora de un libro mecánico que, afirma su nieto Daniel González de la Rivera, puede ser considerado un eslabón perdido en la historia del e-book.

¿Un libro mecánico? Sí, un soporte único para leer diferentes libros mediante unos carretes intercambiables. La patente lo describe así: «Lleva unas bobinas donde se colocan los libros que se desee leer en cualquier idioma. Por un movimiento de las mismas van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quiera». Incluso disponía de un hueco ideado para colocar una calculadora.

Vean el bicho. Tiene su gracia.


Y lean la noticia completa: es una historia bien española.

Publicidad contraproducente

No entiendo cómo una  empresa tan seria y potente como la que se anuncia puede dejar la difusión de  sus bondades en manos de alguien que escribe como se demuestra en el asunto de  este correo…





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