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El secreto de la invención

Daniel Tubau

El genio no nace, se hace

danieltubau@gmail.com

No se conoce ningún caso de genio que no haya necesitado hacerse.

¿O acaso piensas, querido lector, que los genios que conocemos han sido las únicas personas que podían haber llegado hasta donde llegaron? ¿Piensas que entre los miles de millones de individuos que han nacido en cientos de ciudades y en miles de pueblos perdidos ninguno de ellos podía haberse convertido en un genio?


Borges

¿Crees que es casualidad que casi todos los genios que han pasado a la historia procedan de lugares más o menos desarrollados y que hayan tenido a su alcance medios de los que no disponían muchos otros? ¿Piensas que el hecho de que apenas se mencionen dos o tres decenas de mujeres artistas o científicas antes del siglo XX, pero sí miles de hombres, es otra de esas casualidades inexplicables? ¿Crees que Jorge Luis Borges habría podido sentir la fascinación por la literatura inglesa, que le permitió redefinir la escritura en español, si su abuela no le hubiera enseñado inglés casi como primera lengua?


Obama

Yo no creo en la existencia de las razas, aunque Borges sí creía (lo que es una muestra de que la educación también puede ser incompleta incluso en alguien como él), pero me permitiré usar la palabra negro, a pesar de que creo que no significa casi nada (tampoco creo que signifique mucho la palabra “genio”): ¿crees que Obama es el negro más inteligente de todos los que existen y han existido y que ninguno podría haberle superado? Sí, es cierto que parece muy inteligente, pero ¿no crees que puede haberle dado cierta ventaja nacer en el territorio norteamericano de Hawai y haberse educado en Estados Unidos en los años 60 del siglo XX?


Dumas


Pushkin

¿Crees que es una asombrosa casualidad que dos de los negros que figuran en todas las historias de la literatura universal nacieran en Europa? Me refiero, por supuesto, a Pushkin, símbolo de la poesía y la literatura rusa, y a Alejandro Dumas, gran patriarca de la literatura francesa. Por cierto, ¿crees que también se debe a la casualidad que casi nadie sepa que eran negros?

Afortunado aquel que nace en una ciudad poderosa, decía Platón:

Doy gracias a Dios por haber nacido griego y no bárbaro, hombre y no mujer, libre y no esclavo. Pero sobre todo agradezco el haber nacido en el siglo de Sócrates.

No debes creer, lector, que la preferencia de Platón por ser hombre y no mujer se deba a su misoginia o machismo, pues Platón es considerado, con razón, uno de los filósofos más cercanos al feminismo, al menos en comparación con su discípulo Aristóteles. Esa preferencia se debe al haber podido observar las pocas oportunidades que tenían las mujeres en su época, del mismo modo que pudo saber las ventajas de ser libre y no esclavo gracias a su propia experiencia, pues Platón fue vendido como esclavo por el tirano de Siracusa


Platón bajo Atenea

Para defender que son los genes y no la educación los responsables de la existencia de los genios, se dice que los grandes maestros raramente tienen grandes discípulos. Es muy discutible que sea así. Sócrates tuvo como discípulo a Platón, pero también a Antístenes, a Aristipo, a Euclides y a muchos más. Platón, a su vez, tuvo como discípulo a Aristóteles, quien tuvo como discípulo a Teofastro, que al parecer era también un filósofo de cuidado. En cualquier caso, los tres filósofos griegos más conocidos (Sócrates, Platón y Aristóteles) siguen una línea continua de maestro-discípulo. En el chan chino, la versión del budismo dhyana indio e inspiración del zen japonés, sucede lo mismo: a cada maestro le sucede un nuevo maestro comparable a él, que no es su hijo, sino su discípulo, hasta tal punto que se producen escisiones continuas, porque los discípulos creen siempre hallar una verdad o una variante que supera la versión del maestro.

El medio griego dio durante varios siglos decenas de filósofos, arquitectos y artistas. ¿Por qué dejó de darlos? ¿Crees que se produjo una mutación genética que volvió estúpidos a los griegos? De hecho, el medio griego siguió dando pensadores en el lugar más desarrollado de la época, Bizancio, aunque la presencia cultural excesiva de la religión ortodoxa tal vez echó a perder parte de sus posibilidades, como lo hizo el catolicismo en Europa, consiguiendo que pensadores tan impresionantes como Escoto Erígena, Guillermo de Ockham o Nicolás de Cusa perdieran cientos de horas discutiendo acerca de esencias divinas, porque ese era el tema casi único del momento.


Confucio

En la Inglaterra Isabelina, Shakespeare convivió con Christopher Marlowe, John Ford, John Donne y Ben Jonson, entre otros; Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Góngora fueron contemporáneos. En la época de los Reinos Combatientes, antes de la unificación de China, se concentran las tres cuartas partes de los filósofos chinos; en la época Tang muchos de sus mejores poetas, en la Song los pintores y en la Yuan o mongola el mejor teatro.

A pesar de que los ejemplos se podrían multiplicar sin fin, se insiste una y otra vez en que los genes son más importantes que la educación y el medio circundante. Pero en la historia del arte, la filosofía y la ciencia hay pocos ejemplos de hijos que suceden a sus padres, excepto entre los artesanos, que aprendían el oficio porque era su mejor medio de vida. El problema es que, incluso en los casos en los que se da la sucesión padre-hijo, es difícil negar la importancia del ambiente, de la educación y de la enseñanza trasmitida.

A veces se menosprecia la importancia del entorno para así defender los propios méritos. Es como decir: “Me merezco mi fama, no por los privilegios de los que he gozado, sino porque soy genéticamente superior”. Es un planteamiento absurdo. Como si fuera más digno heredar que adquirir; aquello de lo que podemos presumir es lo que hemos alcanzado por nuestro esfuerzo (con la pequeña o gran ayuda del entorno), no aquello que nos vino ya en los genes.

Sin embargo, las fábulas tradicionales, los cuentos de hadas o películas como La guerra de las Galaxias nos acostumbran a ese relato de la herencia genética. Es el relato de la pereza y la vagancia, en el que uno cree que le ha tocado la lotería genética, como quien espera que su décimo salga premiado en el próximo sorteo.


Padre e hijo, genios de la Fuerza

Visita la web del autor:
www.danieltubau.com




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