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Errata

Evaristo Aguirre

Françoise


Leer la prensa en internet tiene sus peligros económicos; y claro que no me refiero al balance de pérdidas de los editores de diarios. Hace un par de años, en la sección de cultura de un periódico, me encontré con la reseña de una exposición de fotografía en una galería de París (Photo 12). Se trataba de una parte de la producción de los años sesenta y primeros setenta de Jean-Marie Périer, quien durante ese tiempo tuvo como principal dedicación fotografiar a Françoise Hardy, para las portadas de sus discos, para sus promociones, para las revistas. Aquella noticia te llevaba a la web de la galería, donde se mostraba, lujurioso, el catálogo de la exposición, auténtica tentación para quienes sabíamos que no era fácil que cayésemos por esa ciudad en breve. El catálogo te enlazaba con la home page de la editorial (Éditions du Chêne), con todas las facilidades el mundo para adquirirlo (en especial una edición de lujo, con reproducciones de un par de fotografías): clic, clic y otro clic y… 150 euros salían de la siempre agonizante cuenta corriente. Hacía pocos meses ya había pecado con una caja que contenía la reedición de los seis primeros elepés, los publicados entre 1962 y 1966, de la espléndida cantante francesa. En ambos casos, mereció la pena.

Quizá no sea del todo necesario decir que soy fan de Françoise Hardy, ¿verdad?


¿Y hasta dónde puede llegar un fan? Pues lejos, ustedes lo saben. Por eso, en cuanto tuve noticia de que Françoise iba a publicar una novela, supe que la leería; y también lo supo N., quien en una visita a Madrid me la regaló.

L’amour fou (Albin Michel) se titula la novela, Amor loco o Locura de amor, o quizá Amor ciego, no sé qué traducción elegiría. Es la historia, sencilla, de una mujer que conoce a un hombre del que se enamora, con quien tiene una relación sentimental, que se rompe y se retoma. Ese amor en ella anula todo lo demás; no así en él.

No hay más historia en la novela que las vueltas y vueltas en las conversaciones de la pareja, que las pequeñas y a veces enormes humillaciones que ella se infringe y otras a las que él la somete. Los desprecios mutuos. Los oídos ciegos y los ojos sordos con que ambos se comunican. Aquí van un poquito más al límite, pero todo el que haya pasado por una relación sentimental algo descompensada reconocerá cosas. Poniéndome un poco simplón, diría que él es un imbécil y que no hay quien entienda la pasión de ella, si es que alguna pasión puede entenderse; y que ella resulta a la vez entrañable y desesperante por no tomar la puerta de salida ante la que no deja de pasar constantemente. Pero no se trata de un comentario negativo: estos son los personajes elegidos y puestos a actuar por la autora, así son y puede que por eso hagan lo que hacen y sientan lo que sienten, y también por eso no hay más peripecias, porque no son personas de acción.

Hay algo que no he entendido: en dos tercios de la novela, se utiliza la tercera persona y, de repente, la mujer pasa a hablar en primera persona hasta el final. A lo mejor me he perdido algo…


Françoise Hardy escribe bien. A pesar del tema de L’amour fou, que de partida no me interesa mucho, he ido avanzando por sus páginas recorriendo párrafos sólidos, incluso bonitos, cargados de sentido que no hacían necesaria más palabrería para contar lo que estaba pasando. Hardy ha escrito muchas de las canciones de su carrera y a mí lograr buenas letras de canciones me parece muy difícil y muy literario. Pero, como he dicho más arriba, soy fan e igual he pasado algo por alto.

Coincidiendo con la publicación de esta novela, ha aparecido un disco, un bonito disco, con el mismo título. No me parece que haya una relación directa (lo he escuchado solo una vez), pero sus canciones han tenido tan a menudo ese toque de amor desesperado…

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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