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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Censuras y otros disparates

eorue[arroba]divertinajes[punto]com :: @EvaOrue :: #LaRedTambiénLee

Censura

Fue casi al mismo tiempo.

Un día empecé a escuchar las críticas (y, sí, también alguna amenaza) a la revista Mongolia por un cartel con la imagen de la Macarena de Sevilla. Incluso el alcalde sevillano, Juan Ignacio Zoido (PP), contribuyó con un manido (y torticero) «la libertad de unos termina donde empieza la de otros».

Otro día supe que habían censurado en Madrid un cartel de Yerma, una producción del Centro Dramático Nacional. Concretamente, lo censuró la empresa la empresa Madrid City Tour (que se escudó en los niños, tan útiles: no quería «herir la sensibilidad de los niños»).

Sólo para que conste, aquí están ambos carteles. Para que conste mi rechazo. A la censura, por supuesto.


Leyendo

No sé si esto herirá la sensibilidad de los niños, pero… «Para completar el triángulo, a las mujeres y las novelas debemos añadirles el sexo. Hay un siglo en concreto que los une, mejor dicho, que los inventa con un parto de trillizos. Es el XVIII, el siglo que patenta la novela moderna, la masturbación como enfermedad y el personaje de la Lectora; todo exactamente en el mismo momento. Es difícil creer que sea pura casualidad.»


De las mujeres y los libros se han ocupado algunos libros dirigidos (supongo) a las mujeres. No me refiero a las «novelas femeninas», ni por supuesto a los informes que repiten machaconamente la idea de que «ellas leen más», sino a obras que estudian a la mujer como lectora. Un ejemplo casi canónico: Las mujeres, que leen, son peligrosas, de Stefan Bollmann (Maeva), cuya portada refleja bien su espíritu.


El que ahora me ocupa se ocupa de lo mismo, pero de manera radicalmente distinta, como bien se puede deducir de la frase antes reproducida. Se titula Las buenas chicas no leen novelas (Península), su autora se llama Francesca Serra, y empieza así: «Tal vez ustedes no lo sepan, pero todas somos pornolectoras. Todas las lectoras lo somos, sin excepción, incluidas las solteronas y las monjas».

Urge que lo lea la autora de las Cincuenta sombras

En buen lío se ha metido

Sí, Zoe Alameda, alias Amy Martin, a la que hoy siguen breando aquí a propósito de todo, y sobre todo, de su labor al frente del Instituto Cervantes de Suecia.

Y de paso, su agencia literaria, Casanovas&Lynch, la de autores como Javier Marías, Juan José Millás o Carmen Posadas. Carlos Segovia lo contaba ayer en El Mundo.

Esto, déjenme volver un momento al Instituto Cervantes

Repasar su historia de nombramientos es, en muchos casos, un ejercicio doloroso: tanto amigo, tanto incompetente. No todos, claro, y si lo aclaro es porque ha habido y hay responsables excelentes. Pero cuánto favor pagado con dinero público en forma de puestos en destinos apetitosos. Ay.

ACTUALIZACIÓN: Amy Martin ocultó a su agente que era la esposa de Mulas

Y ya que hablamos DEL Cervantes…

Hablemos de quien le da nombre. Porque ayer supimos del convenio firmado por el Centro de Estudios Cervantinos y la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes para desarrollar una plataforma digital que contendrá la obra capital de don Miguel. Qué bien.

Citas citables

Lo leo en La Vanguardia.

Antes de la votación de la declaración de soberanía debatida en el Parlamento catalán, Oriol Junqueras pidió la palabra. Y citó a Voltaire: «En una discusión, Voltaire dijo una frase famosa, que espero que [Alicia Sánchez Camacho, portavoz del PP catalán] usted compartirá. Dijo: No estoy de acuerdo con lo que usted me dice pero haré todo lo posible para que usted lo pueda decir».

Lástima que la atribución sea incorrecta. En realidad, la frase es de su biógrafa Evelyn Beatrice Hall, quien utilizó en Los amigos de Voltaire, obra fechada en 1906 que la autora británica firmó con seudónimo masculino, Stephen G. Tallentyre.

La importancia de la etiqueta


Alfaguara ha inaugurado con Un gramo de odio, de Frantz Delplanque, a la que seguirá Venganza, de Benjamin Black (John Banville), su Serie Negra.

Ya publicaban novela policíaca, y por supuesto tenían en su catálogo las novelas anteriores de Black.

Pero la etiqueta tiene su importancia.

Felicidades a los premiados... y a quien les premia

Joaquín Berges (Libro del año 2012, elegido por votación de los lectores, por Un estado del malestar, editado por Tusquets); Santiago Auserón (premio Otra Mirada 2012 por El ritmo perdido. Sobre el influjo negro en la canción española, publicado por Península); y Gervasio Sánchez (Premio Extraordinario por Antología, que lleva el sello de Art Blume), son los ganadores de los galardones que la librería zaragozana Cálamo entrega cada año, y que éste 2013 coincide con su 30 cumpleaños.

La fiesta de entrega se celebrará el viernes 15 de febrero de 2013 en el Teatro Principal de Zaragoza.




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