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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Zona DVD: La sal de este mar


En un mundo marcado por las fronteras y donde éstas se diluyen a la vez que se refuerzan se encuentran casualmente Soraya (Suheir Hammad) y Emad (Saleh Bakri) en busca de la libertad restringida y la identidad perdida.

La opera prima de Annemarie Jacir es un doloroso viaje a las entrañas de una zona del mundo militarizada, expoliada, convertida en un polvorín donde una joven universitaria parece querer perderse para siempre o construir un hogar destruido décadas antes por la arrogancia de un Estado a la que vemos desde la primera secuencia del filme sometida a toda clase de humillaciones antes de poder pasar la aduana hacia Palestina.

Dos personajes con dos sueños irrealizados: recuperar el dinero de su abuelo (y con él su pasado) en el caso de la voluntariosa Soraya y obtener un visado para ir a Canadá en el caso de Emad.

La protagonista femenina parece indignada con el paisaje urbano y humano que la rodea marcado por la pobreza y la crispación. Ella ha nacido en Brooklyn, pero siente que su verdadero lugar está en los territorios ocupados. Emad, un joven camarero, busca realizarse gracias a una beca que le permitirá salir de su país e ir a otro donde el miedo no esté al orden del día, pero ve cómo le niegan el visado una y otra vez. Detrás de dos deseos reales hay algo más: una necesidad de escapatoria interna que podemos ver en los personajes de otra road movie sobre el conflicto palestino-israelí, el film Zona libre de Amos Gitai.

Vemos las imágenes más bellas de la película cuando en las aguas de Haffa los protagonistas se bañan en el mar y parecen encontrar allí una suerte de inocencia perdida por la desconfianza, la violencia y la alienación sembrada por las fuerzas armadas israelíes. Hay también secuencias de humor como los diálogos entre el triángulo protagonista, el asalto a un banco en Belén con burka y armas sin munición o la forma de burlar a los soldados y esquivar a los judíos ortodoxos. Pero también hay una historia de amor, tal vez no lo suficientemente desarrollada, entre Emad y Soraya en ese hogar improvisado que construyen en un templo abandonado haciendo planes de futuro.

En este sentido, La sal de este mar se muestra como un filme tierno y humanista pero extrañamente púdico como si el amor entre los dos personajes principales estuviera marcado por la fatalidad.

La sal de este mar parte de una premisa algo simple y excesivamente didáctica pero, a través de sus imágenes, logra transmitir algo más. Una mezcla de desamparo y paz, de miedo y desafío al presente y al futuro. Tal vez los intérpretes resultan algo fríos y titubeantes pero se respira a través de ellos la pasión de una joven realizadora que ha vivido situaciones parecidas y quiere lanzar una proclama -en forma de cuento adulto- a la sociedad internacional.

En uno de los momentos más ásperos del filme se nos dice que el mejor amigo del protagonista quiere ser director de cine pero en Palestina es algo difícil filmar otra cosa que no sean muertes, bloqueo, vigilancia militar. Parece ser la voz de la propia autora que ha conseguido realizar su filme con ayuda de otros países europeos pero sin el apoyo de la más desarrollada industria cinematográfica israelí.

Obvia metáfora de la ocupación de unos territorios, “La sal de este mar” nos presenta la crisis existencial de una mujer joven que siente que siempre ha pertenecido a un mundo que les fue arrebatado a sus padres y abuelos y que ella tiene derecho a recuperar. Aunque la directora no explora la masculinidad y la feminidad en la zona vemos dos personajes que tienen que “ser fuertes” y lo son de manera distinta.

Kafkianas visitas al banco donde nos damos cuenta de que jamás recuperará el dinero de sus ancestros al tiempo que algunos apuntes sobre la corrupción y la burocracia. Su reclamación de “lo que es suyo” parece bordar la demencia pero la directora sabe mostrarnos con minuciosidad la todavía mayor irracionalidad y “locura institucionalizada” de esas fuerzas fronterizas que desconfían de ellos desde el principio al final del filme.

Quizá las imágenes de registros abusivos, puestos de control, muros y vallas de espinas nos retrotraen a otros filmes sobre el conflicto, pero “La sal de este mar” destila una enorme melancolía porque nos habla de la incomunicación y las batallas pérdidas de antemano dejando un sabor a fábula o a grito desolador. Y es en esa “falsa ingenuidad”, en esa mezcla de dureza y lirismo, donde encontramos su potencia.

Un baño...




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