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Los viajes

de Sara Gutiérrez

MEMORIAS DE ÁFRICA

PREPARACIÓN DEL VIAJE »

Queríamos para 2012 un viaje memorable. Descartada Australia, una amiga nos desaconsejó recorrer solas Sudáfrica y, conocedora de nuestra reticencia a viajar en grupo, nos envió el folleto de una agencia de su confianza. Ojeándolo, recordamos nuestro verdadero viaje soñado.


Elegimos el Memorias de África de Kananga. ¿Clásico? ¿Aventura? ¡Confort! Demasiado sedentaria esta vida que llevamos...


DE NAIROBI A NAIVASHA »

El guía era, como esperábamos, Óscar Herranz y no Tulida, como entendimos al llegar. «Dirían tour leader», explicó Óscar, hoy alias Tulida.

Para cuando partimos del mirador del Gran Valle del Rift, habíamos aprendido, entre otras muchas cosas, a lavarnos las manos…


Estilo Kananga

…y a reconocer al pariente evolutivo más cercano del elefante.


Damán

Ya en Naivasha, mientras tomamos posesión de nuestra tienda-palafito, la tripulación convirtió el camión en un aparador del que salió todo lo necesario para una buena comida.


A ORILLAS DEL LAGO NAIVASHA »

De sobremesa, embarcamos hacia el escenario de Memorias de África.


Lo más inesperado: la variedad de aves.


Gaviotas, cormoranes, estornino soberbio, martín pescador ajedrezado, ibis hadada, ibis sagrada, fochas y tántalos

Ser las primeras del viaje permitió a las fieras traídas para figurar con Meryl Streep y Robert Redford arrancarnos suspiros de admiración y saturarnos las tarjetas de memoria.




Al regresar, un barquero montó para nosotros el espectáculo del águila pescadora.


La bolsa de agua caliente que nos esperaba entre las sábanas se convertiría en un clásico.

EN EL PARQUE DEL LAGO NAKURU »

Cuando partíamos hacia el Parque Nacional del Lago Nakuru, al lado del hotel-campamento, entrenaba un jinete.


Imagen bien distinta de las que pueblan el imaginario occidental de África

Instalada cómodamente en el camión, observé y fotografié.


Nakuru

Si nuestra mentalidad peliculera nos hubiera instado a poner muescas por los Big Five fotografiados, del Naukuru habríamos regresado más que triunfantes.




Aunque mis preferidas fueron las jirafas… Secretillo de su contoneo: mueven a la vez las patas homolaterales.

Y no faltó el babuino que, en un santiamén, birló el plátano a un niño.



 

 

Ni la fiesta de los prismáticos. Menos mal que mis compañeros aportaron modernísimos binoculares, los míos son imposibles de graduar.


Compañeros kananguianos inmortalizándose

Respecto a las aves, allí lucen palmito flamencos, pescan con su pico-cuchara espátulas y secan sus plumas marabúes…


SAFARI EN MASAI MARA »

El polvo y los botes no impidieron que disfrutara las cinco horas de camión. Entonábamos JAMBO cuando alcanzamos la llanura moteada que es Masái Mara: ¡por fin, la sabana! Empezaba el safari.



Primera tarde en Masái Mara

De mañana, pillamos acicalándose a una famila de jabalíes, y a una bandada de buitres descuartizando un ñu. Ñus divisamos decenas, cientos, miles.

Contemplábamos sus bajadas y subidas sin entender la lógica cuando, súbitamente, surgió una leona. Enmudecimos. Nos ignoró, respiramos aliviados. Avanzó hacia los ñus acercándose sigilosamente y tumbándose acechadora hasta que los grupos fueron reduciéndose y los que pasaban a un palmo de sus narices eran viejos y lentos. Entonces, se tensó para lanzarse a la yugular de su alimento pero… rugió un motor… Dignamente giró y se fue.


Ni los guepardos echando la siesta ni el cortejo de los leones pudieron superar aquello.


Apuestos y pulcros masáis desfilaron, cantaron y saltaron para nosotros al atardecer, mientras sus harapientos niños eran apartados de nuestra vista. Nos asaltaron tantas dudas que el mejor bálsamo fue regresar al espíritu jovial del safari.

A ORILLAS DEL LAGO VICTORIA »

Arrancar a las 6:00 nos permitió presenciar un amanecer que Tulida potenció haciendo sonar Jammu África en el momento álgido.



Tras 12 horas de camión desembarcamos sobre la pista de aterrizaje del hotel. (Kananga también organiza la modalidad flying.)

Desayunados, visitamos un pueblo pesquero cubierto de basura y pececillos secándose al sol en el que los niños nos agarraban formando largas cadenas o exhibían en pequeñas pandillas sus juguetes.

Encaminamos nuestros pasos hacia la escuela


…me faltó averiguar qué distinguía a unos niños de otros.

ACAMPADA EN EL SERENGUETI »


De habernos consentido hacerlas, las mejores fotos de la jornada habrían sido las de la frontera.

A media tarde, empezó a llover y embarrancamos. La posibilidad de que apareciera alguna fiera nos prohibió bajar del camión.

Dolía ver al chófer, el guía y los ayudantes echando el bofe mientras los turistas nos limitábamos a aligerar o reforzar el peso sobre los ejes.

Salir de allí parecía misión imposible, pero lo lograron. La ducha caliente bajo las estrellas nos re-confort-ó.

Porque los demás contaron historias similares, creo que me despertó el roce de una hiena contra mi tienda.

Vimos más jirafas, hienas y leonas, pero también...


Zorros de lomo plateado, monos de huevillos azules y un leopardo de sueño profundo

Pasamos la tarde en la Hipopool. Los cerdos son superlimpios en comparación con estos superguarros que mean al tiempo que defecan triturando las heces con su cola-ventilador. Disfrutan de su lodazal mimándose y peleando, copulando y cotorreando, eructando y pedorreando…

¿Aves? Dos espectaculares:


La enorme avutarda y el pequeño abejaruco

Con gusto volvería al cinematográfico campamento de Kananga en Seronera, para saborearlo tranquilmente.


A ARUSHA, POR EL NGORONGORO »

La inmensa llanura aún nos ofreció imágenes extraordinarias.



Conforme se acercaba el Ngorongoro, surgían en la nada caminantes torneados por el viento.


Y pastores de vuelta a casa.



Al fondo, lago salado del Ngorongoro


 

En el cráter nos esperaba una fauna abundante. La primera escena memorable nos la regaló una leona que jugaba con sus cachorros. La segunda, un león sentado ante restos de cebra con cara de hartazgo, rodeado de zorros agazapados.

El trayecto hacia Arusha nos transportó a parajes montañosos tapizados por pequeñas parcelas de verdes cultivos salpicados de curiosidades como arboledas espesamente cubiertas por blanco guano o solitarios baobabs.

REPOSO EN ZANZÍBAR »

Saludamos al Kilimanjaro desde la avioneta…


…y nos perdimos por la Ciudad de Piedra en cuanto aterrizamos, empapándonos del sufrimiento de los esclavos que allí esperaron en su día destino y de la animación nocturna de la plaza.


Después, el tiempo se ató a las mareas y los vendedores de la playa, entre corales y algas.


© Fotos y vídeos de Eva Orúe y Sara Gutiérrez




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