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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Zona DVD: Cosmópolis

Con Cosmópolis, David Cronenberg prosigue su trayecto hacia un cine más intelectual que el de los festivales de vísceras y mutaciones que lo dieron a conocer como profeta de “la nueva carne”. Si en su anterior y discutido trabajo se atrevió con Freud, Sabina y Jung, en esta ocasión adapta una novela de Don DeLillo.

Cosmópolis es una distopía ¿futurista? sobre Eric Packer un joven multimillonario (Robert Pattinson) que recorre las calles de una gran ciudad en una mastodóntica limusina y a través de la misteriosa aparición de diversos personajes de su vida y de sus temores se da cuenta del vacío de su existencia y comienza un agrio y algo pedante camino hacia la autodestrucción.

Vemos aquí la habitual obsesión de Cronenberg por el cuerpo de sus personajes, por sus mutaciones y sus mentes atormentadas. En las calles de la ciudad se suceden las manifestaciones y los disturbios mientras este joven ejecutivo recorre los recovecos de su existencia en busca de respuestas a preguntas cada vez más oscuras. El problema es que Robert Pattinson no da en absoluto la talla como un “yuppie” desencantado y más bien parece ir a un baile de Halloween que a una calle sin salida a través de los senderos de una vida marcada por la avaricia y el materialismo, los amores frustrados y una extraña soledad. Nihilista y bien rodada, con una sombría fotografía y una tenue banda sonora de Howard Shore (habitual colaborador del realizador canadiense), Cosmópolis coquetea con lo fantástico pero sobre todo con la teatralización de las obsesiones materiales, sexuales y morales de su protagonista y sus fantasmas. De una manera algo bergmaniana asistimos a un desfile de secundarios (entre los que destaca Samantha Morton) que ponen al protagonista masculino entre la espada y la pared.

Un filme claustrofóbico, bien planificado pero que puede resultar algo relamido y altisonante a los detractores de la “ciencia ficción intelectual” pero que, en cierto sentido y, a pesar de un exceso de verborrea y errores de casting, nos devuelve al verdadero Cronenberg y su universo enfermizo, turbio y amoral.

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