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Errata

Evaristo Aguirre

Corbatas y gabardina


(c) www.mbagencialiteraria.es


Hay una banda sonora muy interesante en el libro del que tratamos hoy. La guitarra flamenca del gran Rafael Riqueni, la elegante actitud del cantante Alfonso Vilallonga, más flamenco, el del cantaor Eugenio Cano, el sonido desgarrado de Carlos Ann, y la morna caboverdiana de Cesarea Évora, entre otras cosas –además de algunas óperas y de ciertas piezas de música clásica–, aparecen en las entradas del diario de Ignacio Vidal-Folch La ilusión es lo que cuenta (Destino). Por primera vez, este escritor publica unos dietarios, una selección de lo que escribió entre 2007 y 2010.

Quien conozca la obra literaria de Vidal-Folch (Barcelona, 1956) –en varias ocasiones hemos hablado por aquí de ella: de las novelas Turistas del ideal y Contramundo o de los relatos de Noche sobre noche– y su abundante producción periodística –Barcelona museo secreto, por ejemplo, es una recopilación de artículos publicados en la edición catalana de un diario– sabrá que es un tipo al que se le puede calificar de culto, tirando a muy culto, con una especial inclinación hacia la civilización centroeuropea, de la que parece que lo conoce todo, con una visión entre irónica, asombrada y asombrosa del mundo, de la política, del nacionalismo, del arte contemporáneo. Pues todo ello, en dosis adecuadas, está en estos diarios: viajes, entrevistas, conversaciones, sucedidos de la vida cotidiana en los que aparecen y se cruzan los personajes más variopintos; consideraciones pausadas sobre pintura o literatura; observaciones del natural que pueden tener como objeto observado desde un político local a una estrella del cine porno italiano. Pero ese caballero que casi siempre lleva chaqueta y corbata y, cuando es necesario, gabardina (es la imagen que tengo de él, un poco tintinesca incluso), cuyo ecosistema habitual parece que son los cafés, las bibliotecas, las galerías de arte, los restaurantes buenos pero un poco decadentes y sitios de ese estilo, es también un hombre de acción, como demuestra en uno de los episodios relatados en Lo que cuenta es la ilusión, cuando intermedia en la difícil separación de una pareja de jóvenes originarios del Punjab, un culebrón en pequeña escala, con sus momentos de peligro y todo.

Por la numeración de las entradas (la primera es la 18.801), es de suponer que Ignacio Vidal-Folch tiene mucho material de esta clase que ojalá se decida a seguir publicando, porque si hay algo necesario siempre, pero ahora un poco más, es espíritu crítico, sentido del humor y de la ironía y conocimiento de causa. Y aquí hay de todo esto.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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