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Errata

Evaristo Aguirre

A ritmo de country lento


No saldré vivo de este mundo es el título de una canción de la estrella del country Hank Williams, y tiene sentido que dé nombre  a esta novela porque el fantasma de Williams se le aparece constantemente al protagonista, Doc, quien pudo haber sido el médico que estaba a su lado el día en que murió, en el asiento trasero de un Cadillac. Diez años después de aquello, en 1963, Doc está enganchado a la morfina, no tiene licencia para ejercer, vive en una pensión de un barrio marginal de San Antonio, Texas, se dedica a practicar abortos clandestinos, además de otras curas (extracción de balas y esas cosas), y a sobrevivir, sin demasiado empeño, por cierto.

Un camello de origen mexicano, las dos mujeres que regentan la pensión, la dueña de un restaurante de la zona y poco más son personajes de su vida cotidiana. Y el fantasma de Hank Williams con quien conversa a menudo y no precisamente en plan amistoso; son amigos, lo fueron, pero claro cuando un muerto se te aparece y te da la charla suele ser para, en plan Pepito Grillo, enmendarte la plana, criticar tu vida y ponerse pesado. Y Hank Williams fue un excelente cantante, de eso no hay duda, pero como fantasma es un brasas.

Un día, algún tiempo antes de que asesinaran cerca del barrio al presidente Kennedy, una pareja muy joven requiere los servicios de Doc; el chaval desaparece y el hombre cuida a la chica, Graciela, mexicana que apenas habla inglés, hasta que se recupere. Pero pasa el tiempo y Graciela se queda por allí, se establece una estrecha relación entre ambos. Y la mexicana empieza a tener una cierta influencia en ese barrio y sus gentes.

Lentamente, como en una de esas tranquilas canciones country que avanzan contando una historia, la novela va presentando personajes, haciéndoles hablar y actuar. Pasan cosas alrededor, entre las cuales la visita del presidente del país a Texas no es la menos importante. Y la vida sigue. Y Doc, a causa de su vínculo con la joven mexicana, se plantea su manera de estar en el mundo y de verlo; y se plantea su relación con el fantasma que le acompaña. Hasta entonces todo le daba un poco lo mismo –al estilo, “el mundo es como es, qué le vamos a hacer”–, pero estar junto a alguien con la fuerza vital de la juventud, de la inocencia y de algo previo a lo civilizado, le golpea en el alma. No sé si puede hablarse de una novela de buenos sentimientos, pero sí que es una historia cargada, al menos, de un espíritu esperanzado.


(c) www.steveearle.com

Y quién es el autor, pues –y ahora, uno de los lectores habituales de esta Errata, JC, lanzará un suspiro y pensará: “Otra vez un músico”– se trata de Steve Earle, efectivamente, cantautor con un pie en el country y otro en el rock, nacido en 1955 en Fort Monroe, Virgina, y criado en San Antonio, Texas, que había ya publicado algunos relatos, que ha pasado por la adicción a las drogas, y que ha escrito esta estupenda primera novela en plena madurez.

No saldré vivo de este mundo, de Steve Earle, está publicada por El Aleph, con la traducción de Javier Calvo.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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