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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

El pan a secas


O sólo pan. Esta es la historia de una patética experiencia vital sufrida en carne propia por el gran escritor magrebí Mohamed Chukri, uno de los pilares de la literatura moderna en árabe. Cabaret Voltaire ha tenido el acierto de poner al alcance del lector, en una nueva traducción, esta obra maestra aplaudida y traducida a numerosos idiomas desde su publicación. Texto clave para entender un tiempo y un país, Marruecos, dividido entonces en dos protectorados: el español y el francés. En este escenario se mueve Mohamed, un rifeño venido con su familia desde su tierra natal empujados todos por la hambruna. El retrato de violencia familiar, encarnada en un padre-dios, desertor del ejército español, al que odia con todas sus fuerzas, así como el de la miseria real y la moral que le rodean desde niño, conforman un escenario que al lector español no le sonará extraño porque le recordará al de la novela picaresca del siglo de oro. Las aventuras y desventuras para poder sobrevivir del niño y adolescente Mohamed demuestran claramente lo poco que han cambiado las cosas en trescientos años.

Soy hijo de las barracas, y de la podredumbre, pertenezco a una clase sin clase donde en principio escribir me parecía un prestigio social, aunque luego lo vi como un arma. Para mí la escritura es una denuncia, no un esnobismo, escribo sobre los temas de la marginación que imperan en una ciudad como Tánger: robos, prostitución, paro… La desesperación de una juventud diplomada pero que no puede trabajar y está abocada a expatriarse y a morir en el estrecho como espaldas mojadas."

Esta es la confesión de un escritor que fue analfabeto hasta la edad de veintiún años y que encontró en la literatura una forma de redención y lucha: “Si no hubiera sido por la imaginación, habría reventado”, dijo en otra ocasión.

El pan a secas es un libro autobiográfico donde Chukri consigue convertir su prodigiosa memoria en un testimonio escrito de una potencia literaria inusitada y donde la violencia, la marginalidad, el sexo, la muerte son presentadas en una envoltura lírica que lejos de enmascararlas, las trasciende, potenciando su efecto de realismo. No es la memoria de un simple escriba que transcribe sus recuerdos, si no que, como bien apuntó Goytisolo “se implican categorías de una denuncia tanto cultural y moral como lingüística”.

Novela prohibida en Marruecos y el mundo árabe hasta hace unos años, demuestra bien a las claras el contexto cultural, social, moral e ideológico en el que se formó el Marruecos actual. Las ciudades de Tánger y Tetuán de la época colonial donde malvive Mohamed, tienen poco que ver con el decorado que sirvió a otros autores occidentales como Bowles, Genet o Tenesse Williams (que tanto admiraban a nuestro autor) para escribir algunas de sus obras mayores. El mito creado en torno a ellas por los intelectuales que las habitaron en los cuarenta y cincuenta es absolutamente despreciado por Chukri porque en ese mismo lugar y al mismo tiempo él pasaba hambre y dormía en cementerios.




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