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Pantumaca

Sara Orúe

Mudanza


Estoy de mudanza

—¡Otra vez! ¿Pero si no hace de dos años que cambiaste de casa la última vez?

En la oficina, estoy de mudanza en la oficina.

—Madre del cielo, que los dioses te cojan confesado.

Mi empresa, siguiendo la moda de las empresas de hoy en día de agrupar  a todos los trabajadores de sus diferentes sedes en un mismo edificio, ha cogido un edificio enterito para notros solos allá por el culo del mundo, donde Mahoma perdió la paciencia, casi donde se acaba Barcelona…

—Lejos de tu casa, vaya.


Lejísimos, exactamente a 12 paradas de metro con un trasbordo y unos cuantos minutos de paseíllo por los acogedores túneles del metro de Barcelona.

—Eso no es lejísimos, es un poco lejos sólo.
—Antes eran 15 minutos a pie de mi casa, ahora más de media hora. Lejísimos es poco
—Tendrás que levantarte media hora antes.
—O llegar media hora tarde. Me lo estoy pensando.

Además, las mudanzas de oficina tienen todos los inconvenientes de las mudanzas (te metes una paliza a hacer y mover cajas, descubres que guardas demasiad porquería inútil en los cajones, cosas que se pierden o se rompen…) y ninguna de las ventajas (no has elegido tú el lugar al que te mudas y, probablemente, no te mudas a mejor).


Nosotros concretamente nos hemos mudado a un barrio alejado del centro que está TODO en obras. Nuestro nuevo edificio está en una calle donde todavía no hay calle.

—¿Cómo dices? Me lo explique, por favor.

Quiero decir que no hay pavimento, ni aceras, ni farolas ni nada. Para cuando llegas al despacho llevas los zapatos más sucios del mundo y has tenido que mover 12 vallas de esas amarillas, sortear socavones y pelearte con unos cuantos obreros que te gritan porque estás pasando por donde no deberías… una ruina.

—Pero eso es, como mucho, dos años.
—Vale, pues me voy a mi oficina vieja y, en marzo de 2010 ya vendré por aquí. Qué hartura, de verdad.

Vale, reconozco que el despacho de ahora es más grande que el de antes, pero las vistas son peores. Estoy en un semisótano. La luz natural, aunque abundante,  proviene de un patio ocupado en su totalidad por una escalera de emergencia… Hombre, yo no pedía ver el mar, pero esto…

Y a todo eso añadamos que nada funciona: no hay luz, no hay conexiones a Internet, no están montados los lavabos, está todo lleno de cajas, se ha perdido mi perchero, mi despacho no tiene puerta (y está muy lejos del cuarto de baño). Quiero ser positiva, pero me cuesta mucho muchísimo, tanto que esta mañana dudaba si seguir deshaciendo cajas o irme a la peluquería. Y ahora dudo si cortarme el pelo o dejármelo largo… Las cajas ya las terminaré de abrir mañana.




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