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El secreto de la invención

Daniel Tubau

Estadísticas de un solo caso

danieltubau@gmail.com


Mark Twain

Aunque se atribuye a Marshall McLuhan la frase “Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras a medias y las estadísticas”, al parecer eso lo dijo antes Mark Twain. Es un ejemplo de las citas mal atribuidas, un fenómeno que ha llenado el mundo de citas inventadas o mal leídas de Einstein.

En cualquier caso, la opinión acerca de la mentira de las estadísticas es más o menos acertada, porque hay estadísticas que sólo pueden ser mentira:

Es seguro que no existe ni un solo español que reúna todas las características del español medio. Porque no es sencillo encontrar a una persona que mida 1,65, disfrute de buena salud, pese 68,9 kilos, tenga 38,8 años, haya tenido 6,3 parejas sexuales a lo largo de su vida y comparta casa con 2,16 personas. Los entes estadísticos resultan muy úti­les en ciertos casos, pero no para acostarse con ellos ni para compartir casa, a riesgo de acabar troceado. (Nada es lo que es)


Steven Pinker

Sin embargo, hay que decir que la mentira estadística procede casi siempre de su interpretación y no de los datos mismos. Muy pocas personas saben pensar de manera lógica, muchas menos de manera matemática y un ínfimo porcentaje de manera estadística. Steven Pinker, en un reciente libro con un título indigno de un investigador como él (Los ángeles que llevamos dentro), que parece elegido para entrar en el ranking de los libros de autoayuda, señala que no estamos acostumbrados a manejar el pensamiento estadístico, es decir, la observación más o menos documentada de la realidad, y que en nuestras opiniones acerca de cualquier cosa nos dejamos llevar más bien por la intensidad de nuestras emociones. Es por ello que solemos repetir una y otra vez que vivimos en el más violento de los mundos cuando es evidente para cualquiera que se preocupe de observar con atención la realidad o recopilar datos, que pocas veces o nunca la humanidad ha vivido con menos violencia que en la actualidad.


No me cabe ninguna duda de que Pinker estará más cerca de la verdad que sus detractores en este caos, aunque todavía tengo que leer el libro para quedar convencido de que el siglo XX tampoco ocupa uno de los primeros puestos entre los siglos más violentos y asesinos, cosa que a primera vista parece difícil de creer. Quizá en ese asunto se equivoca, porque alguna he observado que a veces Pinker hace hablar demasiado alto a las estadísticas, es decir, que las interpreta de discutibles maneras, pero en lo del siglo XXI (crucemos los dedos: sólo estamos en el año 12) no cabe ninguna duda.
Volviendo al asunto estadístico, ya me referí en otra ocasión a la facilidad con la que alcanzamos conclusiones “científicas”, al recordar la peculiar estadística del taxista que demuestra que las mujeres son malas conductoras. Sin embargo, en ocasiones vamos más allá y, en vez de observar a algunas mujeres que conducen mal (pero no a los hombres), establecemos una estadística a partir de un solo caso. Es lo que llamo la estadística del viajero, que paso a explicar, aunque sospecho que el lector ya sabe a qué me refiero.


Cuando viajamos ponemos en marcha nuestro sistema estadístico nada más cruzar la frontera. Si llegamos a París y nos toca un taxista negro enseguida concluimos que en París todos los taxistas son negros; si el siguiente taxista es de aspecto magrebí, modificamos levemente nuestro estudio de campo y afirmamos que todos los taxistas de París son de origen inmigrante; si el tercer taxista es un marsellés, rápidamente concluimos que no hay taxistas parisinos en París. Suceda lo que suceda, podemos establecer conclusiones estadísticas en un instante ante cualquier nueva observación y vanagloriarnos a nuestro regreso de haber descubierto un buen número de rasgos que definen a París.

Aunque nunca llegarán a saberlo, las primeras personas con las que nos encontramos en una ciudad desconocida soportan sobre sus hombros una responsabilidad inmensa: de ellos dependerá en gran parte la imagen del país que trasmitiremos al exterior cuando nos vayamos. Si la recepcionista del hotel de Venecia es antipática, todas las recepcionistas de Venecia (o quizá de Italia, ¿por qué no?) serán antipáticas; si en uno o dos restaurantes de Shanghai se da la circunstancia de que se equivocan en la cuenta, todos los chinos serán timadores; si caminamos a altas horas de la madrugada por las calles de Buenos Aires y no nos sucede nada, la capital argentina será una de las más seguras del mundo; si una viejecita nos acompaña hasta la calle que buscamos en Budapest, todos los húngaros serán simpatiquísimos.

Las estadísticas de un solo caso, por otra parte, no sólo nos permiten elaborar una docena de teorías en poco tiempo, sino que una de sus indudables ventajas es que requieren poca calibración de datos.

Visita la web del autor:
www.danieltubau.com




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