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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

A la rica marihuana


Leer A la rica marihuana y otras especias...  (Capitán Swing) original del inasible Therry Southern (1924-1995) es como viajar en una máquina del tiempo literariamente desopilante para aterrizar en el universo caótico, gamberro, ácido, divertido, contestatario, y todos los adjetivos que queráis añadir, de la década por excelencia: la sesentona.

Este gran periodista, estupendo escritor y guionista además (Easy Rider y Doctor Strangelove son sus cimas), tocó todos los palos de la profesión y fue, en palabras de Tom Wolfe, el creador de lo que se dio en llamar Nuevo periodismo (o cómo mezclar periodismo y literatura sin perecer en el intento). Truman Capote acaba de chistarme para recordarme que él lo hizo ya en A sangre fría y marcó un hito. Llevas razón, querido mío, pero Terry Southern se atrevió a dar un pasito más allá, y pasando de “divinas divinidades”, pergeñó una serie de artículos mayormente publicados en la revista Squire y que junto a un par de piezas dramáticas y algunas irreverentes entrevistas, conforman dl libro que comento. Un fresco colosal, casi diegorriberense por su dimensión de esos años en que la cultura-a-la-contra, otro de sus inventos, floreció como las daisys en la primavera californiana, y después en el resto del país.

Southern, como el buen alquimista que era, tenía el don de transmutar los metales literarios, de alear las palabras, de fundir los conceptos a base de sarcasmos y ácidos (no vitriólicos precisamente) con el fin de retratar la política exterior de su país, los excesos de la CIA, los viajes espaciales, la hipocresía social, la cultura en todos sus frentes, el periodismo, así como todas las bestias negras de la pacata sociedad americana de su tiempo, tan llena de prejuicios. Aunque eso sí: todo debidamente regado con un humor macerado en propia bodega que te hace soltar la carcajada casi cada página y deslumbra por su perfecta ejecución, puliendo el estilo con la broca diamantina del bien hacer y sin caer nunca en el chiste fácil o el brochazo de maniobra.

Realmente si tuviera que elegir entre alguno de sus relatos me vería en serías dificultades, porque todos, aún aquellos que no pasan de parecer meros apuntes, tienen su con qué. Pero hay dos que yo he apreciado personalmente: Bastoneando en Ole Miss o como lograr colar su autobiografía mientras asiste a un concurso de marjoretes y La sangre de una peluca, uno de los mejores relatos escritos sobre las drogas. Pero tampoco me hagáis mucho caso, porque tal vez si escribiera esta reseña dentro de tres o cuatro días me decidiría por cualquier otro.

Resumiendo, un libro debidamente especiado para conocer una época ─ que tanto parecemos conocer─ a través de la acerada mirada de uno de los mejores escritores americanos de su generación. Informa, divierte, entretiene, y, además, pone todos los muebles patas arriba y se atreve a barrer debajo de todas las alfombras sin importarle el polvo que pueda levantar. ¿Quién da más?




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