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Errata

Evaristo Aguirre

Pero, ¿qué me dices?

Ir descubriendo cómo son las cosas por uno mismo es una de las facetas fundamentales de la vida. De nada sirve que un fulano unos años mayor mire con cierta sorna a un pos-adolescente al verle tan enamorado de esa primera novia y le anuncie que eso no va a durar, que se prepare para el batacazo de la ruptura, que también será la primera; qué sabrá ése, piensa el entonces seguro de sí mismo joven, que acabará dándose, cómo no, el gran tortazo sentimental. Hasta ahí, bien. Lo sonrojante sería que ese joven proclamara a los cuatro vientos que esa es la relación sentimental perfecta, que el resto de la humanidad no ha sabido hacer bien las cosas, en este terreno, y que los que andan por ahí emparejados pertenecen a una especie de casta que no deja sitio a los aspirantes a estar embobados mirando a la chica elegida…


Mil violines (Mondadori) es un estupendo libro sobre música (pop, en el sentido amplio del término) escrito con enorme pasión, sólidos prejuicios, mucha experiencia y buenos conocimientos (que es la única manera de escribir, bien, este tipo de libros) por Kiko Amat (Barcelona, 1971), uno de los destacados periodistas musicales que pueblan las revistas, los blogs (el suyo se llama Bendito atraso), los suplementos culturales y las sesiones de pinchadiscos de España.

Leyendo Mil violines he disfrutado de las tres estaciones del alma que hay que visitar necesariamente cuando uno de estos libros es bueno.

1. Descubrir músicos o discos que no conocías y que se incorporan desde ese momento a tu mochila musical. Aquí, por ejemplo, Mose Allison.

3. Disfrutar cuando se ensalza hasta lo más alto a alguno de tus grupos favoritos. Aquí los maravillosos Weekend y los persistentes Fleshtones, por ejemplo. (Estos capítulos se leen con una sonrisa de suficiencia, mientras uno se repite: “ya lo decía yo”).

4. Discrepar, con firmeza irrenunciable, de algunas opiniones. Es el momento en el que el lector se pone la camiseta de fan irredento y se enroca y no acepta ciertos argumentos, consciente de que ahí está uno de los grandes placeres de la música pop.

Pues eso, que Mil violines es un buen libro.


Pero, ay, Kiko Amat escribe literatura. Ya ha publicado tres novelas y la cuarta está al caer. Solo he leído una, Cosas que hacen bum (Anagrama): no me interesó nada la historia que contaba pero me gustó la manera de escribir. Tiene una fuerza expresiva que está muy bien, sabe hablar con un lenguaje real y (me voy a poner pelín pedante) posee el germen de algo que fácilmente podría desarrollarse y cuajar.

Pero a Amat le gusta reivindicar su origen como chico de barrio y denostar lo de los colegios privados y la universidad y el tufo cultureta, algo que ha llevado a un curioso extremo en relación a la literatura, “la que propugna que solo unos cuantos seres semidivinos –escribe en el prólogo de Mil violines– y sobrealimentados con educaciones en colegios privados y amistades en círculos influyentes pueden dedicarse a ella”. Pero, ¿qué me dices?

Y no contento con decir estas cosas, se marca al final del libro un pegote llamado Manual de literatura para punks (o Cómo publicar tres novelas sin haber estudiado) presentado en forma de veinte puntos que es un compendio de lugares comunes, obviedades y algunas memeces algo más sonrojantes que lo que podría decir el enamorado adolescente mencionado más arriba.

Un tipo que ha leído, de manera parcial y con un gusto muy concreto (por lo que él mismo dice), es verdad, pero que ha leído bastante, y que ha escrito y publicado en una editorial tan convencional, en el mejor sentido de la palabra, como Anagrama, no puede ser tan inocente como para mantener una presunta actitud en la que las banderas son “escribe lo que quieras y a tu modo” y “no tengas complejo por no ser el fulano más leído del mundo”. Gracias a que esas dos proclamas son una obviedad del tamaño de la muralla china, podemos disfrutar de los mejores libros, de las mejores novelas y relatos, escritos siempre desde lo más personal y único de cada escritor, ¿no?

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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