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Los viajes

de Sara Gutiérrez

A orillas del Lago Naivasha

OTROS DESTINOS

Llegamos al alojamiento en Naivasha a mediodía.


En el tiempo que cada uno de nosotros (los turistas) tomo posesión de su tienda-palafito, la tripulación del camión convirtió el ídem en un aparador del que salió todo lo necesario para hacer y disfrutar una buena comida.


Bienvenidos a Acacia-22, nuestra tienda

La timidez propia de la primera jornada juntos nos mantuvo rondando por el inmenso jardín, fotografiando todo lo habido y por haber,


Raíces de acacias - Hormigas - Ibis

...hasta que sonó el deseado “¡A la mesa!”. Me confieso de los que, en estos ambientes y latitudes, evitan cualquier alimento crudo carente de corteza o peladura que ellos mismos puedan eliminar, y de los que prefieren vérselas con un vino peleón que con agua de la fuente, por clara y tratada que esta sea.

Pertrechados con cámaras y objetivos a cual más potente, embarcamos hacia el escenario que fue de Memorias de África, y abriéndonos paso en un tapiz de plantas acuáticas salimos a lago abierto, si bien en ningún momento nos alejamos demasiado de la orilla.


Así avistamos diferentes pájaros anclados en ramas o restos de ellas,


De izda a dcha, de arriba abajo: gaviotas, cormoranes, estornino soberebio, martín pescador ajedrezado, ibis hadada, ibis sagrada, fochas y tántalos.

pescadores,


y hasta hipopótamos.



Fue al atracar en nuestro destino cuando sentí la evidencia de haber entrado en el circuito, aunque eso sí, de manera bastante suave: éramos apenas cuatro o cinco pequeños grupos los que siguiendo atentamente los pasos de un improvisado guía local jugábamos a adentrarnos en el salvaje mundo animal, paseando por una especie de Arca de Noé.

Las fieras traídas en su día para hacer de figurantes en el Memorias de África de Meryl Streep y Robert Redford, se quedaron para convertirse en protagonistas de nuestro Memorias de África particular, confort en este caso. Ser las primeros con las que nos encontrábamos les permitió arrancarnos algún que otro suspiro de admiración (y gusto, por sabernos ya de vacaciones y sin intención de mandarle ni una postal a la prima de riesgo) y apropiarse de la mitad de nuestras tarjetas de memoria.

Posó para nosotros una resacosa pandilla poligonera de ñus y cebras.


Nos miraron por encima del hombro los silenciosos miembros de una familia de kudús.


Se relamieron ante nuestros ojos las elegantes jirafas, pero no creo que fuera por nuestras carnes.


Y salieron corriendo los locales, no todos.


De regreso a nuestra base, uno de los barqueros montó para nosotros el espectáculo del águila pescadora: reposaba ella tranquilamente en una rama cuando vió un pez que volaba por los aires; sin plantearse ni por un segundo “qué hacer”, se lanzó en picado y lo agarró cual jugador de béisbol. Ella volvió a su rama (posiblemente incluso sin el trofeo) y nosotros nos afanamos sobre nuestras pantallas buscando el fotograma en el que la habíamos pillado, o eso creíamos.


Para algunos, cenar bajo las estrellas aquella noche de luna, cubierta, resultó mágica. Para otros, mágica fue la bolsa de agua caliente con la que se encontraron al meterse en la cama.

Mientras me desperezo y arranco hacia el Lago Nakuru, disfrutad de otro interesante pájaro naivasheño.


Carraca de pecho violeta

Posiblemente hoy haya más fotos de Eva Orúe que mías.

OTROS DESTINOS

KENIA, TANZANIA Y ZANZÍBAR EN DIVERTINAJES

Preparación del viaje

De Nairobi a Naivasha

A orillas del Lago Naivasha

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Acampada en el Serengueti

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Reposo en Zanzíbar




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