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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Mujer objeto

Siempre hay un silencio, unas uñas pintadas y una ausencia...

Me giro hacia la luz y no quiero volver a mirar atrás.


No soy un objeto, no soy una cosa... No soy algo que se pueda abarcar con la facilidad con la que se abarca un jarrón o una caja vacía de zapatos... 

Me sorprende ver el intento casi feroz por parte de muchos medios, campañas de publicidad, series, películas, novelas... de devolver a la mujer a un lugar de mansedumbre y de culto a lo externo. Devolverla también al hipotético hogar como si esto fuese una vuelta glamurosa a épocas pasadas. Devolverla al hogar y a la actitud de ser un agradable objeto hermoso para el hombre. Un objeto maquillado hasta límites casi grotescos, abrillantado, con pestañas postizas, con discurso neutro y preocupaciones pseudo estéticas, con las uñas verdes, azules, rojas como antes, rosas, moradas... pero siempre pintadas y supuestamente cuidadas. Mujeres, chicas que sólo hablan de tratamientos de belleza, de botox, de ácido hialurónico, de cremas, de tratamientos anti celulitis, anti grasa, anti ojeras, anti varices, anti brillos... Chicas, mujeres que sólo piensan nuevamente en cazar novio, marido y retenerle, hacerle feliz, mantenerle contento... Y ellas... con la cara estirada, rellenada, hinchada como una almohada de plumas, los labios estallando de líquidos extraños y ajenos a sus organismos, los ojos pesados de tanta máscara, de tanta pestaña postiza que impide hasta la lágrima más pequeña y limpia. Las mejillas hinchadas como si hubieran metido entre el hueso y la piel trozos de cera o pegamento. Los rostros sin expresar nada, paralizados por los pinchazos, eternizados en una mueca de plástico y guardando algún que otro secreto. Pero si la forma cambia el contenido, el contenido que hay detrás de esas caras-máscara enajenadas e idénticas unas a otras, es también vacío, paralizado, inconsciente e inconsistente. Relleno de pensamientos artificiales y superfluos.

Mientras tanto aún hay mujeres y niñas esclavas, esclavas de la droga o de los traficantes de mujeres. Mientras tanto aún hay lugares, muchísimos lugares y algúnos de ellos demasiado cercanos, donde la mujer no tiene derecho a opinar, donde es vejada y tratada como mercancía, donde es lapidada o agredida, violada y obligada al silencio. Mientras tanto aún hay lugares donde la mujer trabaja sin descanso por un pequeño trozo de comida para dárselo a su hijo hambriento y desnutrido. Mientras tanto aún hay lugares donde la mujer no tiene derecho a la sanidad, lugares donde la mujer no puede usar el agua reservada sólo para el aseo del hombre, para sus propias necesidades más básicas.

Mientras tanto hay lugares donde la mujer alquila su vientre como si de una vasija se tratase y despersonifica tanto su propio ser como al ser que se nutre de ella. Mientras tanto hay lugares donde aún la mujer es sometida a la ablación y al robo de su sexualidad, marcada nada más nacer según el tono de su piel, regalada siendo niña y obligada al sometimiento. Mientras tanto hay mujeres obligadas a tapar su cuerpo, su rostro, sus manos, su mirada.

Mujer sombra, mujer silencio, mujer cuerpo sin cuerpo, mujer para usar y tirar, para tomar y vaciar. Mujer objeto sin sujeto, sin alma, sin razón... Esa imagen de la mujer debería ser la mujer para muchos hombres y para algúnas mujeres, pero eso es totalmente imposible, es completamente ajeno a la esencia de lo humano. Y por millones de veces que se intente jamás se conseguirá. Porque el alma siempre toma su lugar pese a todo, pese a todos.

Animo por ello a todas las mujeres y chicas que se vean envueltas sin ni siquiera saber cómo ha ocurrido en esa telaraña socio-político-publicitaria-con fines económicos para convertirlas en mujer objeto, mujer cosa, mujer florero, mujer sin voz ni voto, mujer de cara de almohada de plumas... que se miren al espejo y griten No. Que se miren al espejo y frunzan el ceño y piensen, imaginen, inventen, decidan por si mismas, cuestionen, frenen, borren las capas de maquillaje y lloren, rían, hablen, luchen, busquen, encuentren...

Me animo a mí misma y a todas, a pensar que con el privilegio que supone haber nacido y estar habitando un lugar democrático donde la igualdad de derechos y la igualdad entre hombres y mujeres se da por hecho y es aún real... es mi, nuestra obligación no dar ni un paso atrás, seguir avanzando y además hacer lo posible porque nuestro privilegio sea el derecho natural de todas las mujeres y niñas del mundo.  

Pequeños Deberes- ¿Dónde están las lágrimas no lloradas? ¿Dónde están las palabras no dichas? ¿Dónde están las miradas no vividas?

A.AliciaNlaREalidad@gmail.com

 

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