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El secreto de la invención

Daniel Tubau

La primera impresión es la que cuenta

danieltubau@gmail.com

¿Por qué casi todo el mundo tiene una gran confianza en su intuición? Para expresarlo con más precisión: ¿por qué a la mayoría de las personas les resulta tan difícil darse cuenta de la poca fiabilidad de su intuición, a pesar de que una y otra vez obtiene testimonios que señalan esa poca fiabilidad?


Daniel Kahneman

Los psicólogos han estudiado este asunto bastante a fondo en las últimas décadas y han encontrado interesantes respuestas. Una de ellas es que la intuición, o lo que Daniel Kahneman llama “Sistema 1”, funciona muy bien en el 90% de las situaciones a las que nos enfrentamos. Ese Sistema 1 es el que nos permite movernos por la vida con soltura sin necesidad de detenernos a reflexionar ante cada situación. Si cada vez que damos un paso nos detuviéramos a reflexionar en cómo hacerlo, nos caeríamos al suelo, porque la complejidad de ese movimiento tan simple y la cantidad de factores que se deben poner en funcionamiento son casi improcesables por un cerebro reflexivo en apenas unos segundos, desde cómo enviar desde nuestro cerebro a nuestro pie la instrucción de levantarse, calibrar la distancia a recorrer, descargar el peso adecuado del cuerpo, mantener el equilibrio en el momento en el que nos sostenemos en un único pie o depositar el pie ni muy fuerte ni muy débilmente en el suelo. Kahneman enumera algunas de las tareas a las que hace frente a diario el Sistema 1:

  • Percibe que un objeto está más lejos que otro.
  • Nos orienta hacia la fuente de un sonido repentino.
  • Completa la expresión: “A quien madruga…”
  • Nos hace poner “cara de desagrado” cuando vemos un cuadro horroroso.
  • Detecta hostilidad en una voz.
  • Responde a “2+2=?”
  • Lee las palabras de las vallas publicitarias.
  • Conduce un coche por una carretera vacía.
  • Entiende las frases sencillas.
  • Permite caminar de la manera habitual.


Siempre que se trata de situaciones o tareas como las anteriores, que son las que ocupan tal vez el 80 o el 90 por ciento de nuestras actividades habituales, no hay ningún problema en dejarnos llevar por el Sistema 1, que no se identifica por completo con eso que llamamos intuición, pero que está muy relacionado.


Intuición

Sin embargo, cuando las tareas se complican o cuando surge algo imprevisto o azaroso, el sistema 1 o la intuición dejan de funcionar tan bien. Porque en esas situaciones inesperadas o complejas se requiere más atención y reflexión. Kahneman también enumera algunas tareas que precisan del Sistema 2:

  • Estar atento al disparo de salida de una carrera.
  • Concentrar la atención en los payasos del circo.
  • Escuchar la voz de una persona concreta en un recinto atestado y ruidoso.
  • Buscar a una mujer con el pelo blanco.
  • Buscar en la memoria para identificar un ruido sorprendente.
  • Caminar a un paso más rápido de lo que es natural.
  • Observar un comportamiento adecuado en una situación social.
  • Contar las veces que aparece la letra a en una página de texto.
  • Dar a alguien el número de teléfono.
  • Comprobar la validez de un argumento lógico complejo.

Como se puede ver, algunas tareas del Sistema 1 y del Sistema 2 son muy parecidas, pero no son idénticas. No es lo mismo caminar de la manera habitual que hacerlo a paso forzadamente rápido, algo que requiere más atención e intención. Hay que aclarar que Kahneman no afirma que exista en nuestro cerebro una división tajante entre dos sistemas mentales, o dos módulos cerebrales claramente diferenciados: es sólo una manera de referirse a diferentes maneras de pensar, lo que él también llama “pensar rápido/pensar despacio”.


Pensar rápido, pensar despacio

 

Pues bien, sucede que cuando hablamos de la intuición no nos solemos referir a todas esas cosas que hacemos cuando sólo activamos el Sistema 1, sino que la aplicamos a las que hacemos cuando deberíamos emplear el Sistema 2. Pondré un ejemplo para que se entienda a qué me refiero.

Cuando nos presentan a un desconocido, nuestra mente desea hacerse cuanto antes una opinión acerca de esa persona. Siglos de evolución animal nos han enseñado que hay que clasificar rápidamente a los extraños potencialmente peligrosos o beneficiosos, así que la intuición nos va ofreciendo ideas para que lo extraño no nos resulte tan extraño. Nuestra memoria nos ofrece rápidamente similitudes entre esa persona y otras personas que hemos conocido. A veces la semejanza es absolutamente accidental: las dos personas (la de nuestro recuerdo y la que tenemos delante) tienen las orejas grandes; o tal vez las dos se llaman “Jorge”, o tal vez ambas son venezolanas. También nos fijamos en cualquier gesto de esa persona, una mueca de desagrado, una sonrisa nerviosa o sincera, el color de su camisa. Cualquier detalle pone en marcha nuestra base de datos acerca de seres humanos y nos ofrece paralelos y similitudes. En apenas unos segundos nos formamos una opinión acerca de esa persona, a pesar de que muchos de los datos que nos han servido para hacer nuestro retrato robot pueden ser absolutamente accidentales. Por ejemplo, el llamativo color de su camisa no se debe a que sea un color que a esa persona le guste, sino a que ese día no tenía ninguna camisa limpia y le tuvo que pedir una a su compañero de piso.

El refrán que apoya todo este proceso cognitivo que se pone en marcha al conocer a un extraño mediante la activación del Sistema 1 es: “La primera impresión es lo que cuenta”. Pero hay que advertir que el refrán esconde una segunda y sensata interpretación: no es que la primera impresión sea la que cuenta porque da en el blanco, sino más bien que la primera impresión es la que cuenta porque es la que está llena de ideas preconcebidas, intuición no reflexiva y prejuicios. Por eso, a alguien que va a una entrevista de trabajo se le recomienda que intente dejar una buena primera impresión, ya que los seres humanos tendemos a dejarnos llevar por esas primeras impresiones y a confiar en las apariencias inmediatas, por lo que, si no se deja una primera buena impresión, es difícil que haya oportunidad de dejar una segunda impresión.

Existe, sin embargo, otro refrán para señalar la intervención del Sistema 2 en la valoración de un extraño: “Nunca te fíes de las primeras impresiones”. De eso hablaré en próximos artículos.

Visita la web del autor:
www.danieltubau.com




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