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Sara Orúe

Sin Aguirre, ¿hay esperanza?


Pensaba haber escrito sobre los 40 años de Letizia. Decía El País que la casa real aprovechaba esa circunstancia para entrar en una nueva etapa de transparencia. Pensaba desarrollar la absurda teoría de que, por eso, Letizia está tan delgada que es casi transparente.

Pero era una teoría que deseché enseguida. Realmente pienso que está así de delgada porque no come.

Como ven, la idea no daba para mucho más.

Luego pensé en hablar de las tetas de Catalina Middleton, la futura reina de Inglaterra y aledaños.

—Pero si las reinas no tienen tetas. Ni siquiera las princesas.
—Eso será las de sangre azul. Las plebeyas ascendidas sí tienen. Y si no tienen se las ponen.

Uy, pues parece que Letizia sí daba para unas cuantas líneas.

Luego pensé en hablar de una pobre señora americana que, después de donarle un riñón a su jefa, fue despedida de su empresa porque tuvo que coger la baja.

Pero claro, en todas estas va Esperanza  Aguirre y dimite. Y se me acaba el buen rollito de los riñones y la  realeza.

—Tampoco  te vas muy lejos, que la Sra. Aguirre es marquesa. O duquesa. O condesa. Princesa no, eso seguro.  Y que tiene un buen par de riñones es indudable. Y tetas tendrá, aunque nunca las hayamos visto.

El caso es que, he de decir, me dejó anonadada la noticia.


Más que cuando se presentó a una entrega de los premios Telva vestida de bandera de la comunidad de Madrid.

Más que cuando sobrevivió al accidente de helicóptero, o cuando se presentó en sandalias y calcetines ante la prensa.

Más que cuando la pillaron llamando Hijoputa a Gallardón, o al amigo de Gallardón, que nunca quedó claro.

Más que cuando se encaró como una Belenesteban  cualquiera con una señora que le dijo que a ella le gustaba más Gallardón.

Más que cuando dijo que Franco era “bastantes socialista”

Más que cuando, varios años después del fallecimiento de Dulce Chacón, preguntó a la madre de la escritora qué tal le iba a su hija por Cuba.

Más que cuando confundió a al escritor José Saramago con la inexistente escritora Sara Mago.

Más que mostró su deseo de condenar a muerte a todos los arquitectos porque sus obras prevalecían después de su ídem.

Más que muchos de sus momentos gloriosos. Que son muchos. Y son muy gloriosos.

Y,  sin en cambio,  la ya ex presidenta, me sorprendió más al día siguiente. Concretamente cuando fuimos informados de que recuperaba su antigua plaza en Turespaña.


Mmmmm, Esperanza Aguirre, azote de los funcionarios, ¿es funcionaria? La misma Esperanza que dice que los funcionarios en general son unos quejicas y unos vagos, ¿es funcionaria?

—Sí, esa misma que  en agosto cambió de idea y anunció que, por fin, no aplicaría el 3 % de bajada de sueldo que había previamente prevista para los funcionarios. ¿Será que ella ya sabía que iba a volver a serlo en nada?
— Santa inocencia, amiga Julieta, No creo que a doña Esperanza le vaya de un 3 %.
—Pues de las pagas extras sí le va, que lo dice en su libro Esperanza Aguirre: La Presidenta.

Oye, que si tiene una excedencia y pide recuperar su plaza, tiene derecho, para eso es funcionaria y tiene los privilegios de serlo. Seguro que, en una empresa privada le hubieran devuelto su plaza… y despedido a los tres días en el ERE del mes. Sobre todo si discrepaba en casi todo con su jefe, creaba mal ambiente con sus compañeros de trabajo, y se encaraba con sus clientes cuando estos le llevaban la contraria.
Para colmo de males, Aguirre se incorpora como mandamás de la parte pública del sector en el que yo trabajo, el turismo. Que no nos pase ná.




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