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Ana Aranda Vasserot

Qingtián [La ciudad de los feos y los tontos]

anaarandavasserot@gmail.com


El abuelo Wang siempre contaba que un día, en los tiempos en los que no había nada, llegaron noticias de su tío Li. Fue un acontecimiento para su familia, pero también lo fue en toda la comarca, aunque nadie pensó que lo que ocurrió aquel día podría transformar el curso de la historia de sus habitantes.

Junto con la carta, más bien breve, porque el tío Li siempre fue perezoso para escribir, llegó una fotografía. La madre del abuelo Wang no tardó en colgarla en la entrada de la casa, con la intención, como así sucedió, de que los aldeanos tuvieran la oportunidad de admirar las proezas de su hermano. El abuelo Wang recordaba muy bien aquella fotografía. Su tío aparecía rodeado de objetos fantásticos que jamás había visto y que años más tarde el mismo vería con sus propios ojos.

Aquella fotografía del tío Li fue perdiendo los colores con el paso del tiempo y al final ya no se podía distinguir nada en ella, pero su efecto en el pueblo permaneció generación tras generación. Durante décadas los jóvenes  abandonaban el pueblo repitiendo, quizá sin saberlo, aquel primer viaje del tío Li.

La comarca donde nació el abuelo Wang y en la que él y el resto de los niños vieron aquella fotografía en la que varios caballos de madera de vivos colores giraban y giraban, según contaba el tío Li en su carta, se llamaba Qing Tian. El nombre de la tierra prometida era Xibanya, es decir, España.

El abuelo Wang fue uno de los primeros  que emprendió el viaje hacia Europa siguiendo el ejemplo del tío Li. No en vano Qing Tian es la comarca de los emigrantes chinos. En España la mayoría de los chinos provienen de esta zona y ocurre lo mismo en Italia, Holanda y Gran Bretaña.

Los primeros emigrantes abandonaron los profundos cañones y montañas escarpadas de Qing Tian obligados por el hambre. Los siguientes acudieron al efecto llamada de sus familias y amigos, así que los últimos ya no se planteaban otra alternativa que la emigración.

Este fenómeno tan curioso explica muchas cosas. Una de ellas es muy importante para aquellos que intentamos hablar mandarín con el primer chino que tenemos a mano.  Queridos lectores: en esta población se habla el dialecto Wu y, por lo tanto, puede ocurrir lo que me paso a mí cuando entré en la tienda china que hay al lado de mi casa y balbuceé, no sin esfuerzo, porque soy de naturaleza tímida, mis primeras palabras en chino tras mi regreso a España. El tipo que tenía enfrente se quedó callado durante unos segundos mirándome. Durante aquel silencio vergonzante pensé en cómo había podido desperdiciar el último año de mi vida intentando desentrañar los arcanos de esta maldita lengua. Luego, herida en mi orgullo, le escuché decir en castellano: “No te entiendo”. Yo sí que no entendía nada. 

Gran parte de la culpa de mi chasco en la tienda china la tendría la dichosa foto del tío Li, si no fuese porque esa historia me la he inventado, pero el resto es verdad y seguro que algo parecido debió de suceder.

Tras varias generaciones de emigración, el viaje a Europa empezó a formar parte de la vida de los qingtianeses. Los jóvenes pensaban más en el futuro prometedor que en el presente en el colegio, por lo que fueron abandonando las aulas. O al menos está es la opinión de los chinos que no son de Qing Tian. Porque  sucede que la mayoría de los chinos piensan que los quingtianeses son tontos. Al parecer, muchos quingtianeses piensan de sí mismos que, efectivamente, lo son. 

Por si fuera poco, muchos chinos dicen de los qingtianeses son muy feos, y no os creáis que emplean algún diminutivo como feillo para suavizar el tono, no, los chinos suelen ser directos e implacables en sus observaciones, para lo bueno y para lo malo.

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anaarandavasserot.wordpress.com




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