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Errata

Evaristo Aguirre

De buena familia


La muerte de un escritor, de un escritor de cierta popularidad al menos, suele tener un reflejo en la prensa que es en general un poco cargante, porque la muerte empuja a destacar lo bueno (públicamente, claro), incluso a exagerarlo. Pero ocurrió, durante estas semanas pasadas, con Gore Vidal que (hablo de la prensa española) un par de voces matizaron sus bondades literarias. Juan Bonilla fue uno de ellos, el otro Eduardo Lago, y su artículo (aquí) es el más notable de los dos. Destacaba Lago los textos autobiográficos de Vidal y en uno de ellos me metí, Navegación a la vista, de 2006 (publicado en España en 2008, en Mondadori, con traducción de Aurora Echevarría).

Se trata de un repaso de su vida tocando los grandes asuntos de su experiencia vital como son la familia, la política, la literatura, el cine, Italia. Es un libro escrito a los setenta años, al poco tiempo de la muerte de Howard Austen, su pareja durante casi cincuenta años, por lo que hay un toque de recapitulación general, así como un juicio sobre el pasado en el que aplica el punto de vista de un anciano, con toda la carga de experiencia y desencanto y relativismo que ello conlleva. Si hay un elemento fundamental en la manera de mirar hacia su vida en el caso de Gore Vidal es la conciencia de sus orígenes de clase alta, de aristocracia americana. Ser de eso que se denomina buena familia aporta, quién lo duda, ventajas que si se aprovechan bien –y se tiene una buena cabeza y se busca un objetivo, en este caso cultural y político, político en el mejor sentido de la palabra– no pueden ser más que beneficiosas. Vale, estoy exagerando un poco, son sobre todo beneficiosas, que hay mucho idiota.


Por los mismos días de este verano, murió también Esther Tusquets, también una chica de buena familia, también autora de un interesante libro autobiográfico, Habíamos ganado la guerra (Bruguera, 2007). Hija de la alta burguesía catalana que se alegró de la victoria de Franco en el Guerra Civil y que se benefició de ella después, hija de un grupo social que vivió (¿vive?) lastrada por sus usos y sus costumbres (dónde y cómo pasar las vacaciones; a qué colegio llevar a los niños…), Esther lo cuenta con un poso de tristeza, escapó o se alejó de esos corsés, pero las heridas (la mala relación con la madre, por ejemplo) no cicatrizaron lo suficiente como para reírse de aquello o, al menos, contarlo con ironía. La obra de Tusquets es una estupenda crónica sentimental de un grupo de gente en un momento determinado en una ciudad (en unos barrios, mejor dicho) de un país que pasaba uno de los momentos más tristes de su historia. También aquí la buena familia fue más beneficiosa que otra cosa.

Y así, encaramos la décima temporada de este gran Divertinajes y desde pequeña Errata, que se publicó por primera vez en junio de 2003. Ay, cómo pasa el tiempo.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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