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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

La noche de las cabezas cortadas


Ya editada en 2002, si la memoria no me falla, con el título de Perejil, Barataria vuelve a presentar la obra del profesor, poeta, novelista haitiano René Philoctète, ahora bajo el título de Rio Masacre ─ traducción del título con el que salió en el mercado anglosajón─. No entiendo mucho por qué no se eligió el título original, El pueblo de las tierras mestizas, en ninguna de las dos ediciones. Imagino que es una cuestión de marketing: el nuevo, desde luego, es mucho más morboso y si esto ayuda a que el lector se anime a comprar esta obra maestra situada en la periferia de lo que entendemos por mundo literario, pues no tengo nada que objetar.

Eso sí, hay que estar dispuesto a dejarse llevar, a navegar sin brújula por el mar de sus páginas mágicas, para poder encontrar la dimensión cósmica y la luz que proyectan las palabras de su autor. Aquí todo es energía vital, sincretismo cultural y religioso, erotismo salvaje, mestizaje de dos pueblos, el dominicano y el haitiano, que se unen y rechazan en la frontera común. Que se quieren y se odian a partes iguales. Que se separan y se mezclan según sus propias leyes no escritas, y todo eso a pesar de las políticas de la capital y las fronteras artificiales creadas por las antiguas potencias colonizadoras.

Octubre de 1937. En la tranquila población fronteriza de Elías Piña la sombra del aprendiz de dictador Leónidas Trujillo se presenta en forma de un gran pájaro de mal agüero que planea sobre la población dibujando una cruz con su sombra. La política blanqueadora del generalísimo ha pergeñado una operación llamada Operación Cabezas Haitianas por la que se pretende eliminar a todos aquellos que no sepan pronunciar en perfecto español la palabra “perejil”. Esto es historia: la masacre se materializó en una noche, y miles de cabezas de negros haitianos francófonos rodaron por el suelo en una espiral de violencia sin precedentes en la isla.

La narración de esta particular noche de San Bartolomé caribeña es el material histórico sobre el que monta su novela René Philoctète, máximo representante, junto a su creador  ─el otro gran poeta haitiano, Frankétienne─, del espiralismo o estética del caos, una corriente literaria que propone experimentar la teoría de la relatividad einsteiniana por medio de la escritura literaria. El resultado sería una escritura quántica que combine todos los géneros (poesía, prosa, teatro, novela, cuento) en un concierto de abismo verbal donde se diluyan las fronteras clásicas en los géneros para fundirse en una síntesis a lo Hegel.

Todo eso y más es Río Masacre: literatura en 3D, pirotecnia literaria que te eleva, zarandea, acorrala, haciéndote participe de la acción. Un auténtico viaje lisérgico sin necesidad de elementos químicos. Una aventura del lenguaje que debe mucho a locura descriptiva de Raymond Rousell pasada por el enriquecedor tamiz del trópico. Compendio global donde se conectan armoniosamente la descripción novelística, el aliento poético, el efecto teatral, la tradición oral en forma de cuentos, el material histórico y la ficción.

Con esos mimbres Philoctète teje una fabula para la que es necesaria una nueva mirada, una nueva forma de entender los textos, con el fin de disfrutar de ese placer de leer del que hablaba Barthes; para entrar en ese otro lado del espejo cuya puerta nos abre, para explorar su selva semántica plena de metáforas, iteraciones, anáforas en la que jamás te pierdes y que está ahí para tu único y onanista disfrute. Convertirte, en suma, en lector activo ─de nuevo Barthes─ de una ficción que va más allá de la realidad, que transforma nuestra visión, nuestra forma de entender los hechos que nos narra.

Vuelvo a repetirlo: una obra maestra.




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