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Errata

Evaristo Aguirre

Un año, o cuarenta


“Hace tiempo que considero que el propósito de la vida no es la felicidad, sino la experiencia”. Lo escribe Cristóbal Serra (Palma de Mallorca, 1922) en Tanteos crepusculares (Pre-Textos), un breve volumen que contiene una especie de diario de este escritor; sin fechas, solo con una sucesión de entradas, en las que repasa mucho de su obra y de su pensamiento. Desde esta década del dos mil, mira hacia atrás. Es un texto culto, reflexivo, de un autor –para mí desconocido, hasta ahora (me veo obligado a incluir esta aclaración demasiadas veces)– que ha cultivado, entre otras cosas, el aforismo y que tiene una abultada obra publicada. Y es un texto que hace honor a la frase de arriba: hay experiencia.


Experiencia de la que la inglesa P.D. James (Oxford, 1920) no puede quejarse, ni por el lado personal, ni por el literario. Esta famosa autora de novela de intriga decidió empezar un diario el 3 de agosto de 1998, cuando cumplía 77 años, un diario que tenía límite desde el primer momento, pues contaba con la firme intención de terminarlo el mismo día de 1999. Se acaba de publicar en español por parte de Bruguera, con la traducción de Victoria Simó, con el título La hora de la verdad (Un año de mi vida).

P.D. James cuenta que nunca había escrito nada de carácter memorialístico, ni había querido colaborar con todos aquellos que le habían propuesto elaborar su biografía, así este diario viene a cubrir esas algunas, pues James aprovecha los acontecimientos de ese año para hablar de su infancia, de su trabajo como funcionaria, de sus ideas sobre la literatura y sobre su literatura… La protagonista de este diario es toda una abuela, con muy buenas relaciones con su familia, viuda, de pensamiento político conservador –aunque no tanto desde un punto de vista social–, una mujer que está en la cima del éxito editorial: vuela en primera clase, se aloja en hoteles de lujo y firma cientos y cientos de ejemplares de sus novelas por todo el mundo. Es, además, una persona de arraigadas creencias religiosas, practicante anglicana. Más que Un año de mi vida, el subtítulo debería haber sido Toda mi vida en un año.


Sin embargo, el escritor español Ignacio Carrión (San Sebastián, 1938) ha necesitado casi mil páginas para sus diarios, claro que estás abarcan cuarenta años de su vida, desde 1961 hasta 2001. Se titulan Diarios. La hierba crece despacio, y están publicados por Edaf. No los he podido leer completos todavía, lo admito –aunque he hecho muchas catas a través de los años aquí consignados–, pero no quería dejar de citarlos hoy, al hilo de los mencionados más arriba. Carrión ha trabajado como periodista durante casi toda su vida, ha escrito y, según leemos en este tocho, ha vivido mucho, a veces bien, siempre con intensidad. Y esa intensidad está en cada una de las páginas de este libro, donde hay muchos nombres propios –algunos llamativos–, muchos acontecimientos de esos históricos y muchísimos personales, íntimos y también absolutamente cotidianos. Es un libro con algo de hipnótico.

¡Qué diferencia!: escoger un día para empezar y otro para terminar tu diario, siendo una autora que puede publicar todo cuanto quiera o comenzar a escribir de adolescente, seguir haciéndolo toda una vida, sin saber si aquello algún día verá la luz, sin saber para qué puede servir, además para la terapia de uno mismo. Pues eso, la diferencia que hay entre un año y cuarenta.




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