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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Zona DVD: Walk on Water

Hansel y Gretel están vivos y bien
Y  residen en Berlín
Ella es camarera y sirve cócteles
Él participó en una película de Fassbinder
Y ahora, de noche, se sientan juntos
A tomar Schapps y Gin
Y ella dice: Hansel, de veras me deprimes
Y el responde: Gretel, de veras puedes ser una perra
Y continúa: he malgastado mi vida en tu tonta leyenda
Cuando mi único y verdadero amor
Fue la malvada bruja
Y él le responde: la historia es un ángel
Obligado a avanzar de espaldas al futuro
Y el ángel quiere regresar y arreglar las cosas
Reparar lo que fue destruido
De espaldas al futuro
Y a esa tormenta, a esa tormenta,
la llaman
Progreso.


     Laurie Anderson (El sueño previo)


Un asesinato al borde del mar. Un agente del Mossad en busca de dos hermanos. Él guarda un secreto pero también ellos esconden algunos. Del contacto mutuo ninguna de las dos partes puede salir indemne. Hansel y Gretel se han refugiado en Israel, su felicidad no es del todo completa, ya que Gretel-Pía sabe más que Hansel-Axel sobre las zonas oscuras del pasado y casi tanto como Eyal, el agente justiciero “venido de una vida anterior”.

La tierra prometida donde los dos hermanos quieren olvidar y encarar el futuro no es una tierra plácida, como nos indican esos atentados suicidas, que aquí resuenan como un eco en las noticias y serán el eje temático de The Bubble, el último trabajo de Fox.

Walk on Water es un filme amable. Al menos si lo comparamos con la anterior, Yossi & Jagger, o con la posterior The Bubble, aunque las cuestiones heredadas del primero (las sexualidades en un mundo militarizado o en conflicto) y las que se pondrán de relieve en el segundo (el conflicto palestino-israelí, la frontera, los nuevos modelos de familia) ya aparecen apuntadas en su hábil construcción dramática, donde no obstante, el director Eytan Fox y su compañero y guionista Gal Uchovsky quieren ganarse al público internacional con una apuesta más apacible y, al menos en apariencia, más convencional. Este es su primer filme rodado en inglés y el que les ha abierto definitivamente las puertas al mercado internacional, estrenándose en las salas comerciales de muchos países, lo que, paradójicamente no ha sucedido con The Bubble a pesar de tener el mismo o más gancho, estar rodado con un estilo moderno y fluido y de ser políticamente más interesante. Y ello pese a que la película contiene —en una de sus secuencias de acción, la más tensa del filme— una de las declaraciones políticas más violentas de Fox cuando Axel lamenta que Eyal no haya disparado sobre la banda de neonazis que los asaltan en el metro y los golpean al verlos junto con un grupo de travestís y transexuales, visibles…

Estamos lejos de la extraña sobriedad y la radicalidad ética y estética ascética de Gitai, de su ritmo pausado y su meditada paleta cromática, pero a cambio tenemos una mirada fresca y joven sobre los mismos temas y algunos más. Fox y Uchovsky son grandes mezcladores de imágenes y canciones aún en detrimento de la solidez o inmediatez de lo que nos cuenta, son dos grandes poetas de la imagen aunque algo atravesado por el videoclip y las series de televisión en las que se formaron como realizadores.

El “ángel de la muerte” encarnado por Eyal (Lior Askenazi) encarna una masculinidad fálica, retrógrada, monolítica, inseparable de su pistola y su mirada seria, incapaz de derramar una lágrima, carencia que él achaca a un trauma de nacimiento. Un ser que representa un papel, que miente, espía, asesina y que busca venganza. Eyal ha provocado indirectamente el suicidio de la mujer que lo amó y ahora busca obsesivamente encontrar y asesinar al abuelo —un antiguo nazi escondido— de esos dos “hermanos alemanes” que, en cambio, van a conducirlo por terrenos desconocidos.

La sombra del pasado es como un fantasma impreciso que pesa en todo el filme sobre la vida de dos jóvenes aficionados a la música y el baile; que buscan encarar el presente y dejar atrás un pasado familiar sombrío, materializado en ese agente disfrazado de guía turístico, un varón de maneras corteses e intenciones homicidas.


Uno de los principales objetivos de Walk on Water es mostrar cómo el amor, no sexual pero sí extremadamente sensual entre Eyal y Axel va a cambiar al primero, haciéndole abandonar la idea de matar. Fox de nuevo interpela a las gentes de su país, hace un tímido canto pacifista, aunque no llegue al desgarrado alegato antibelicista y la reflexión sociopolítica de The Bubble. El novio palestino de Axel está encarnado por Yousef Joe Sweid, el mismo actor árabe que cobrará un trágico y romántico protagonismo en The Bubble, y a pesar de su presencia fugaz, su frase lapidaria “los judíos estáis obsesionados con lo que os hicieron y no os molestáis en ir más allá” resuena en todo el filme. Pero habremos de esperar al filme siguiente de Fox-Uchovsky para que la frase se materialice en una historia verdadera y en unas imágenes de amor y dolor, en las que la tragedia palestina aparece como la sombra de un nuevo tipo de holocausto.

La reacción homófoba de Eyal cuando descubra el secreto de Axel (Axel es gay) será extrema porque en los rituales homosociales que han compartido —mear juntos, ducharse y bañarse juntos en el mar— Axel no ha revelado “su secreto”, no ha hablado lo bastante, mientras que Eyal, en esos mismos momentos de contacto físico y humano, ha compartido una parte íntima de sí mismo e incluso ha comenzado a feminizarse. Cuando por primera vez falla en las pruebas de tiro, Eyal lo achaca directamente “al exceso de cantantes femeninas”. Cuando frente al Muro de las LamentacionesEyal se muestra indignado por todo lo que se le ha ocultado, la desgarrada y algo arrogante Pía (Carolina Peters) no le da una respuesta fácil: para ella, su hermano Axel y su sexualidad —de la que se pavoneaba de adolescente— no es un tema fácil, como tampoco lo es el hecho de encarar que su abuelo siga con vida, manchando su presente y la relación con sus padres.

La relación entre Axel y Pía es a la vez tensa, cariñosa y con un punto incestuoso que pertenece, sin duda, a la cultura alemana. Hansel y Gretel también salieron de plumas germánicas. Y es en Berlín, en la mansión donde ocultan al antiguo miembro de las SS, donde este ángel-demonio herido aprende a llorar en los brazos de Axel. Al final será Axel —a la vez tierno y arrojado, a veces poco creíble— quién ponga fin a la vida de su abuelo nazi.


El guión es habilidoso hasta el malabarismo, mezclando con sabiduría el drama y la comedia de situaciones, pero puede parecernos demasiado alambicado y hasta algo tramposo a quienes admiramos la no menos hábil contención de Yossi & Jagger. Sin duda, la mano de Uchovsky está más presente en este filme, del que es guionista y no sólo productor. Un trabajo en el que se incide más en la situación actual de Israel que en el machismo y la homofobia del ejército, y donde se nos muestra la vida en un Tel-Aviv moderno y colorista bellamente fotografiado en todos sus escenarios, acompañado de la música de Ivri Lider.

La identidad sexual en las fuerzas armadas de Israel vuelve a estar presente aquí personificado en el personaje que más drásticamente evoluciona, el falsamente hierático Eyal. Aunque quizá el cambio de Eyal pueda dejarnos insatisfechos porque esperábamos que acabara en brazos de Axel y acaba en los de Pía. Su contacto con el lado femenino es espiritual y carnal y su redención tiene algo de mesiánica. Eyal se convierte en padre. Pero su recuerdo final en la cinta es para Axel y se materializa con un lirismo que no teme rozar la cursilería en esa imagen final en la que ambos caminan sobre el mar de Galilea. No obstante, el filme nos ha planteado complejos interrogantes sobre las identidades que se mezclan, las culturas que chocan y las palabras que se contagian. La curiosidad de Eyal sobre la sexualidad de Axel se encuadra dentro de una política de lo normal que en realidad no acaba de cuajar, a pesar de la placidez del hermanamiento final.

Todas estas cuestiones sobre masculinidad y feminidad se llevan a primera línea en The Bubble, otra historia que puede parecernos demasiado rocambolesca pero que mantiene un magnífico equilibrio entre lo descarnado, lo realista, lo romántico y lo poético. En un momento de la cinta Yali, uno de los protagonistas de The Bubble, dice: “No empieces con Judith Butler”, una judía también desgarrada por cuestiones de género, raza y sexualidad que está quizás delante —o detrás— del espíritu de estos filmes, por la forma de cuestionar en su obra ensayística la dicotomía masculinidad/feminidad como un producto de las tecnologías de la raza, la nacionalidad y el militarismo o incluso como un abismo que confunde al sujeto entero/hetero en una posición fóbica. Como decía Trevor Hoper, “La homosexualidad no es la lógica que sostiene al sujeto masculino sino el abismo que lo confunde y lo arroja en su fóbica ex-sistencia”.




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