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Viajar al óleo

Armando Cerra

Aviñón, arte y punto

Ya llega el Festival de Teatro de Aviñón, uno de los más reputados de Europa. En julio, las calles, cafés, capillas y toda la ciudad respirarán teatro internacional de vanguardia. Y las actuaciones más espectaculares se representarán en el Patio de Honor del Palacio de los Papas, como dice la organización del festival, su escenario legendario.

Y es legendario no sólo para los actores más rompedores, también lo es para la historia. Ya que por idéntico lugar pasaron los Papas que desde 1309 y hasta 1376 se alejaron de Roma y establecieron la corte papal en esta ciudad de la Provenza.

En total fueron siete los Papas que desde aquí guiaron a la Cristiandad, si bien ninguno pasó a la historia por su santidad. Luego vendrían dos antipapas, el último: Benedicto XIII, que como buen zaragozano testarudo siguió en sus trece (de ahí el dicho) como pontífice hasta morir en Peñíscola en 1423, conocido como el Papa Luna y considerado por la Iglesia oficial como un enemigo.

Eran otros tiempos para la Iglesia. Fastuosa, intrigante y politizada como hoy, pero con formas menos disimuladas, sin recato alguno a la hora de mostrar su poderío, incluso con las armas.

Muestra de ese espíritu es el Palacio de los Papas de Aviñón, más fortaleza que palacio. Sus murallas y  torreones la convierten en una construcción preparada para la defensa, con muros que alcanzan los cinco metros de espesor. En definitiva, inexpugnable, indestructible.

Sin embargo, el pincel de Paul Signac en 1900 es capaz de descomponerla a partir de miles de puntos de color. Esos puntos dan nombre a un estilo pictórico donde el rigor y la planificación de la obra es imprescindible: el puntillismo. Todo se hace a partir de esos puntos de color puro, que no se mezcla en la paleta, sino que uno a uno se reúnen en la tela, de forma que una vez concluida la obra, es el ojo humano quién junta los puntos y crea la imagen y la luz del cuadro.


"El Palacio de los Papas", de Signac

Como algunas de las representaciones teatrales que tendrán lugar en Aviñón, esta técnica, dada su novedad, fue criticada e incomprendida en su momento, aunque las inmediatas corrientes pictóricas comenzaron a valorarla y respetarla. Y así hasta ahora, cuando cuadros como El Palacio de los Papas aparecen en los manuales de Historia del Arte.

Pero no solo eso. ¿Qué es un pixel? Un punto de color. El costoso trabajo de Signac aplicando el fino pincel una y otra vez, se sustituye en el ordenador por pixeles que nuestro ojo une. Cualquier foto que vemos en la pantalla es puntillismo puro. Algunas de esas imágenes son arte, la inmensa mayoría no, pero si queremos darles un toque más personal basta con abrir el Photoshop, elegir un filtro y en un segundo nos podemos creer Signac.


- Entrada al Palacio de los Papas y Entrada pixelizada al Palacio de los Papas, de Mónica Grimal

Visita la web del autor:
www.maletadevuelta.blogspot.com




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