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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Europa era... ¿eso?


Slovenka (2008), de Damian Kozole, es un áspero retrato sobre la vida de Alexandra (estupenda Nina Ivanisin, premiada en Venecia), una joven estudiante de filología inglesa que busca salir adelante a través de la prostitución, en un país devastado por el caos y el contraste entre las apariencias y la realidad urbana.

El suyo es un personaje contradictorio, a la vez tierno, duro y desgarrado que parece querer realizarse como ser humano al margen de un mundo donde sus pequeñas mentiras y manipulaciones quedan algo ensombrecidas por un paisaje humano desolador donde solo destaca el cariño de su padre frente a la frialdad de una madre a la que detesta y la falta de seguridad que le ofrecen esos hombres celososos de su independencia y que tratan de “redimirla” de su particular “modo de vida” y cada vez más peligrosa “fuente de ingresos”.

El director no juzga a la protagonista cuyo comportamiento asimila muchos de los valores machistas y tardocapitalistas que la circundan, sino que retrata un microcosmos en descomposición donde lucha por una vida diferente un ser excepcional, en medio de la codicia, la monotonía y la burocracia. La película saca a relucir, sin ser el centro absoluto del relato, el eterno debate de la prostitución, la libertad y la coacción.

Hay pequeñas historias de amor, violencia, odio, explotación y ráfagas de humor y ternura en esta, por otro lado, inquietante historia de una chica que trata de surgir “a su manera” de las cenizas de la ciudad de Liubliana, donde vemos personajes tan diferentes como su “mejor amiga”, un exnovio que trata de convertirse en su “chulo” a la fuerza, su delicioso padre (director de orquesta “fracasado” pero lleno de vida y afecto por la fortaleza de su hija) y sobre todo las sombras de un mundo hostil y contradictorio  a una chica de 23 años sin demasiados recursos y mas arrojada que valiente. Estamos ante un filme que no da una visión especialmente sórdida de la prostitución sino que trata de aproximarse a las luces y sombras de un personaje singular en una sociedad donde el odio y la avaricia se imponen al amor y la independencia.

Esta coproducción entre Eslovenia, Alemania, Croacia y Bosnia Herzegovina nos muestra como la Europa del Euro aproxima los aspectos materiales de diferentes culturas a la vez que hace más difícil la comunicación sincera entre las personas.

Un aperitivo




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