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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Nadie sabe nada de las lesbianas persas


Angelina Macarone es una realizadora alemana interesada por los conflictos sociopolíticos de su país que ha rodado un filme infravalorado donde los haya.

Fremde Haut retrata de forma áspera pero también contundente la situación de las lesbianas que intentan escapar de Irán y de un régimen donde la homosexualidad y otras formas de “disidencia” religiosa, sociosexual o directamente política son penadas hasta con la muerte.

Macarone habla de las fronteras entre los países, de las aduanas, de los puntos de control y también de las fronteras entre los géneros y los cuerpos cuando esta joven se disfraza de hombre y se hace con los papeles masculinos de un hombre que acaba de suicidarse y tiene que fingir y actuar para poder llegar a Alemania y trabajar en la sección “masculina” de una fábrica.

El filme puede parecernos algo inverosímil, pero las noticias sobre los abusos contra lesbianas, gays, transexuales o “mujeres adúlteras”, gentes “con costumbres occidentales” nos dicen que son cometidos de forma arbitraria, pero también imparable y frecuente, bajo el régimen iraní. Si Nadie sabe nada sobre los gatos persas relataba la difícil odisea de un infatigable grupo de jóvenes e inquietos músicos de rock en un país sometido al integrismo y la doble moral, Fremde Haut denuncia regímenes que cierran sus fronteras a aquellos y aquellas que por su sexualidad son mal vistos en los designios de Ahmadineyad, de la precariedad laboral y la vida empobrecida, de las y los inmigrantes en los países de llegada y de las formas en que se articulan los discursos de odio y alienación.

El filme tiene el argumento de un thriller humanista con contenido social y político en una larga tradición del cine europeo de los sesenta o los noventa, de Costa-Gavras a los hermanos Dardenne pasando por Fassbinder, Margaret Von Trotta, Ken Loach, Agnes Varda o Marco Belloccio, Tal vez lo encontremos falto de lirismo, o nos parezca que sus momentos de ternura son algo forzados frente a la acritud que trasmite su puesta en escena, pero “muestra la eficacia del cine-denuncia al acercar una denuncia clara a un mecanismo de ficción, construido tal vez sin el suficiente gancho, de manera algo fría y desesperanzada y sin demasiado humor o lirismo, pero sin duda con gran dureza, afecto por su protagonista y fuerza expresiva.

Nos encontramos ante la otra cara de Caramel, ya que las formas narrativas de Macarone son modernas a la vez que increíblemente clásicas con una protagonista única enfrentada a un destino arbitrario marcado por un motivo personal que se vuelve universal: los efectos de la intolerancia sobre las vidas humanas que pueblan el Oriente y el Occidente de nuestro continente, los países de llegada y los lugares (aparentemente lejanos, olvidados) de eso que llamamos Oriente más o menos próximo.

Fremde Haut nada entre el docudrama y el drama social, con apuntes hiperrealistas y otros de un seco lirismo. Describe la precariedad laboral de los inmigrantes, legales e ilegales, en los países llamados de acogida y también la violencia ejercida sobre los que no se ajustan a los patrones de género y sexualidad, de forma brutal bajo regímenes integristas y de forma más sutil en los países democráticos. En algunas secuencias el filme evoca al ya clásico del cine independiente Boys don’t cry de Kimerbely Pierce donde el protagonista practica el travestismo de mujer a hombre en un entorno igualmente hostil y degradado, y donde es puesta en evidencia por el entorno degradado en el que reside y trabaja pero donde también se descubre a sí misma y se enamora localmente de una de las chicas del lugar.

El hecho de que la protagonista adopte un rol masculino para poder sobrevivir subraya que la diferencia sexual es a la vez un disfraz y una lucha permanente, igual que las identidades étnicas o religiosas, igual que los trabajos precarios o la búsqueda de la identidad en un mundo de fronteras y aduanas cada vez más pobladas.

Un mundo, en resumen, de pequeñas mentiras con importancia y grandes verdades que chocan contra muros fabricados por los emperadores del cemento, los jefes de las plantaciones, los explotadores, los dioses del fariseísmo, y la intolerancia que se apodera del poder político-religioso o el fundamentalismo machista y los fijadores de identidades, nacionales o corpóreas.

Un aperitivo




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