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La línea de sombra

Daniel Tubau

El extraño caso de Arthur Conan Doyle

danieltubau@gmail.com

Las personalidades de Arthur Conan Doyle y de su personaje Sherlock Holmes son en muchos aspectos diametralmente opuestas. Esto no tiene nada de particular, porque un escritor no está obligado a parecerse a sus criaturas de ficción. Si Shakespeare se pareciera a sus personajes, tendríamos que definirlo como un esquizofrénico o como alguien que tenía personalidad múltiple, porque, ¿cómo es posible parecerse al mismo tiempo a Otelo, Shylock, Próspero, Romeo, Macbeth, Viola o Julieta? Cruel, sensato, reflexivo, impulsivo, romántico, cínico, egoísta y avaricioso, generoso, criminal, ocioso, obsesivo… Los rasgos, a menudo contradictorios, de Shakespeare se multiplicarían sin fin.


Shakespeare

Sin embargo, podría suceder que Shakespeare se pareciera de alguna manera a Shylock, pero que en otro aspecto se pareciera a Otelo; tal vez era celoso como Otelo, avaro como Shylock, romántico como Romeo y Julieta, dubitativo como Hamlet, cruel como lady Macbeth. Ahora bien, nos queda otra posibilidad. Podemos pensar que todos esos personajes tan diversos esconden algún rasgo común y que a pesar de sus diferencias existe algo que todos comparten. Podríamos, en consecuencia, aventurar que Shakespeare poseía ese rasgo concreto, pero como no se sabe casi nada de la vida del dramaturgo inglés, es difícil comprobarlo. En cualquier caso, como decía Villiers de L’Isle Adam, nadie atribuye las opiniones del patito feo a Andersen, aunque sí solemos atribuir algunas de Don Quijote a Cervantes.

En cuanto a Conan Doyle, es difícil que le atribuyamos las ideas o la personalidad de Sherlock Holmes, porque sus caracteres son opuestos. Holmes es el paradigma de la persona racional y razonable, que sólo cree en lo que ve, o en lo que puede deducir a partir de datos y hechos materiales comprobables. Por el contrario, Conan Doyle fotografiaba hadas y creía en los espíritus. No sólo creía en tales seres, sino que, además, ayudaba a su segunda mujer a convocarlos en sesiones de espiritismo.


Holmes y Sherlock

Antes de continuar, hay que aclarar que no se sabe con certeza si Conan Doyle creía realmente en todo eso o si sólo fingía creerlo. A primera vista parece uno de esos crédulos que están convencidos de una verdad tan grande que son capaces de mentir en los detalles, como ya vimos que hacía Helena Blavatsky y muchos de sus amigos (Blavatsky). Hay varias anécdotas que parecen indicar que la credulidad de Conan Doyle era de este tipo.


Houdini y Conan Doyle

En una ocasión el célebre mago y escapista Harry Houdini, que también era un perseguidor implacable de farsantes paranormales, realizó, durante una sesión privada para Ernst Bernard y Conan Doyle, una demostración impresionante de adivinación del pensamiento. Tras el asombro de sus dos invitados, que no podían dar crédito a lo que habían visto, Houdini les dijo que se trataba de un simple truco y que no había nada paranormal en ello. A pesar de la sinceridad de Houdini, Doyle siguió insistiendo en que su amigo era un médium que tenía poderes paranormales... aunque ni él mismo fuera consciente de serlo. Cuando se quiere creer, ni siquiera la palabra de un farsante confeso puede hacernos cambiar de idea.


Los Conan Doyle y un ectoplasma

Tiempo después fue Conan Doyle el que invitó a su amigo mago a una sesión de espiritismo, en la que su esposa Lady Jean convocaría al espíritu de la madre de Houdini. Y efectivamente, el espíritu de la madre se presentó allí y charló un buen rato con su hijo. Sin embargo, Houdini se dio cuenta de que todo era un truco por varias razones, entre ellas que el mensaje escrito por la señora Doyle, mientras estaba poseída por la madre de Houdini, estaba escrito en perfecto inglés:

«A pesar de que mi santa madre había estado en Estados Unidos durante casi cincuenta años no podía hablar, ni leer ni escribir inglés.»

Sí, claro, tal vez había tenido ocasión de aprenderlo en el cielo de los espíritus, donde posiblemente se habla más inglés que en Estados Unidos, o quizá lo que sucede es que en las ondas etéreas trabaja sin descanso un nutrido equipo de traductores simultáneos.


Houdini

Por otra parte, la madre de Houdini no hizo ninguna referencia a que aquél día era el de su propio cumpleaños y, al leer el pensamiento de su hijo, tampoco reveló que estaba pensando en un mago amigo suyo llamado Powell. Lo que ya resultaba increíble, sin embargo, era que lo primero que hizo la madre fue dibujar una cruz, a pesar de que ella practicaba la religión judía. Quizá algunos interpretarán ese detalle como una prueba de que la versión cristiana del más allá es la correcta, y no la judía o la musulmana. Puede ser, pero entonces no está claro por qué la madre fue admitida tan fácilmente en un cielo ajeno o por qué no avisó a su hijo de la importante noticia que le esperaba en el Más Allá. Pero ya sabemos que los espíritus, cuando por fin logran comunicarse con sus seres más queridos, prefieren hablar de diversas trivialidades o de simples vaguedades.

La larga amistad entre los dos hombres terminó allí, porque Conan Doyle, a pesar de las protestas de Houdini, se negó a admitir que todo estaba amañado. Siguió afirmando no sólo que su mujer se comunicaba con los espíritus, a pesar de que incluso llegaron a descubrirla manejando fraudulentamente una placa fotográfica en una sesión, sino que Houdini era también un médium. Así lo aseguró, ya muerto Houdini, en un artículo realmente envenenado llamado El enigma Houdini, publicado en 1927:

«¿Es posible que un hombre pueda ser un medium muy poderoso durante toda su vida, que use ese poder continuamente, y sin embargo nunca llegue a darse cuenta de que los dones que está utilizando son los que el mundo llama la mediumnidad? Si eso fuera verdaderamente posible, entonces tenemos la solución del enigma Houdini.»

Ese es el argumento que se utiliza en la película Luces Rojas, de Rodrigo Cortés, donde los sensatos y perspicaces investigadores de lo paranormal descubren que uno de ellos es también médium. Argumentos tan tramposos como los anteriores, y otros, como su afirmación de que las fotografías de hadas realizadas por niñas eran auténticas, o sus propias fotografías acompañado de ectoplasmas diversos, hacen sospechar que Conan Doyle tal vez no era uno de esos crédulos inocentes, sino más bien un farsante plenamente consciente de lo que hacía.


Fotografías de hadas que Conan Doyle consideraba auténticas

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www.danieltubau.com




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