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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Un ejército de “sombras”


La prostituta siempre ha ejercido una fascinación cierta en el mundo del arte, y desde muy antiguo pintores, escultores, novelistas y hasta sesudos ensayistas se han acercado a su figura representándola de mil maneras diferentes. Icónicas meretrices que han estado presentes en todas las civilizaciones desde que el mundo es mundo. Mujeres marcadas que para algunos sólo han sido y siguen siendo ganado; que para otros, sin embargo, han llegado a ser objeto de sublimación; y para los de siempre   ─desde que Jesucristo expulsó los demonios de la lujuria del cuerpo de María Magdalena, en pecadoras a redimir.

Ejemplos literarios los hay para todos los gustos y no es mi intención resumir en estas líneas un catálogo de las que pueblan el universo de la ficción. Mi intención, y de ahí estas escasas líneas de presentación sobre el tema, es comentar un libro recién aparecido, Las ocultas (Turner) de Marta Elisa de León. Un libro valiente, ácido, testimonial, y hasta cierto punto, hiriente.

El subtitulo que le acompaña, Una experiencia de la prostitución, nos da la pista de que lo que vamos a leer no es una ficción, sino el detalle pormenorizado de una mujer que optó, durante diez años de su vida, por convertirse en prostituta y nos cuenta sus experiencias en voz alta y clara, con absoluta lucidez y sabiendo de lo que habla desde su experiencia. Nada que ver, pues, con heroínas de ficción, casi siempre retratadas por hombres, y menos aún con una especie de libro-documento escrito por una periodista arriesgada que ha pasado tres noches en un burdel y ya sienta cátedra del tema y opina todo lo opinable. Que las hay.

Un negocio como el del sexo comprado, que mueve tanto dinero, es por fuerza un tema que siempre levanta ampollas y posiciones encontradas. También es un terreno minado para cualquiera que intente adentrarse en sus oscuros pasadizos. Marta Elisa de León ─pseudónimo, naturalmente─ entró y pasó a formar parte durante un largo periodo de tiempo de ese ejército de sombras, en el que la sociedad ha convertido a las prostitutas. Después, se propuso salir de allí y pudo lograrlo gracias al amor, a la amistad, a la maternidad. De ello también habla en el libro.

Crónica pues de “enganche” y “liberación” de una mujer que desde su posición de “normalidad” actual intenta comprender que la llevó a ese mundo, que la retuvo en él, y porque decidió abandonarlo. Un mundo en cuyas profundidades halló a la bestia y se encontró a sí misma. Y no le gustó lo que vio.

Escrito con una libertad y naturalidad encomiables, su autora descubre todo el juego de opacidades y falsos secretos de la profesión. Desmonta mitos y se carga tópicos a velocidad de crucero y pone en tela de juicio todas las tesis moralistas o progres de redención que de vez en cuando sacuden la hipócrita conciencia de la sociedad. Ya hace muchos años que Engels sentenció: “la prostitución y el adulterio no son una amenaza para el matrimonio burgués, sino parte de él”. Por ahí van los tiros. De León habla con conocimiento de causa y disecciona perfectamente esa relación cliente-prostituta en la que no todos entre ellos son culpables, ni todas entre ellas son víctimas propiciatorias.

No hay morbo en sus páginas, y material tenía para ello; ni siquiera denuncia de unos hechos reprobables, sólo se trata de un difícil y encomiable ejercicio de auto examen substancial, dejando libre al lector para que tome el partido que más le convenga si es que se atreve a pasar al otro lado de ese espejo que la protagonista le ha puesto enfrente y que refleja toda la podredumbre de un mundo que los biempensantes de cualquier época han condenado a la sombra.




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