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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Un grito silencioso

Gritar atravesando el silencio. Sin sonido. Con una energía vibrando en mitad de la garganta.
Gritar ante la impotencia, ante el olvido, ante la dejadez, ante la desidia, ante las pesadillas, ante el horror de crueldades permitidas, ante el hambre, ante la sed. Ante la sed; gritar.


 Hace apenas unas semanas, miles de personas alzaron y movieron sus manos en un grito silencioso. ¿Lo escuchó quien quiso taparse los ojos y ya se había tapado los oídos antes?

Yo también imaginaba un grito silencioso. Imaginé mi propio grito silencioso. Dada mi imaginación fervorosa y mi carácter apasionado, imaginé un grito sin voz pero saliendo desde las entrañas. Imaginé a esas miles de personas con la boca abierta y los cuerpos inclinados, gritando sin voz pero con toda la carga explosiva del rugido más sonoro del mundo. E imaginé que esa imagen dura y fuerte como una especie de Grito de Munch, alcanzaría los corazones congelados y los derretiría hasta hacerlos permeables y cálidos. Como una especie de catarsis con la cual mostrar toda la frustración, indignación y dolor.
Pero fue más simbólico, de mente a mente... como una idea que debería haber encajado perfectamente en el imaginario de aquellos a los que iba dirigida. Pero, ¿pasó? ¿sucedió?
¿Alcanzó la idea su propósito?
Muchísimo mejor sin embargo es esa idea tan pacífica e intelectual que la apatía, muchísimo mejor que dar por perdidos todos los sueños, muchísimo mejor que refugiarse en el abandono de uno mismo y de todo.
Muchísimo mejor gritar a tiempo. Antes de que te arrebaten lo último.
Rugir incluso para proteger a lo más vulnerables.

Nos educan en la no violencia, se empeñan en enseñarnos a ser buenos, pacíficos, solidarios, intelectuales, en razonar ante todo, en atender a razones...
Pero en cuanto el poder llega a las manos, a las mentes y a los corazones de aquellos que tan amables se nos mostraban... misteriosamente no dudan en ejercer la más pura violencia contra nosotros, en dejar en la estacada a quien sea, en arrebatar a la fuerza aquello que deciden que ya no debe ser de todos... No dudan en defender guerras, participar en ellas, quitar derechos que ya estaban anclados...
Gritemos entonces. Pacíficos como somos, pero gritemos.
Es fácil. Todavía nuestro cuerpo nos pertenece. Todavía. Nuestros pulmones y nuestro aire.
Inspiras... Te conectas con la emoción que tus latidos marcan, aflojas la mandíbula, abres la boca, enseñas los dientes y dejas que tu grito, que aún es tuyo; salga, fluya, se mueva y repercuta silencioso o sonoro. Un grito que trasciende lo cotidiano hasta hacernos protagonistas de nuestra propia historia.

Pequeños Deberes-
Sueña una imagen, como una visión de futuro, por la que te atrevas a dar un grito silencioso cada vez que lo necesites... 

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Foto- Adriana Davidova en "Síndrome"




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