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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Profesor Lazhar


Una puesta en escena aplicada, sincera y con leves ribetes de poesía acompañan el relato de Profesor Lazhar (Monsieur Lazhar en su título original), un filme entre la comedia social amarga y el irónico drama de costumbres.

Un trágico episodio es el desencadenante de la crisis en el interior de un aparentemente modélico colegio canadiense, que tiene a los jóvenes alumnos como protagonistas en parte de esta historia sobre la culpabilidad el duelo, la violencia y la búsqueda de la ubicación y la identidad.

Mohamed Fellag encarna con encomiable sobriedad a Bachir Lazhar, superviviente argelino que aprovecha la situación para hacerse cargo de la clase de estos niños secretamente enfrentados y entrar en un sistema educativo que va revelándonos sus flaquezas. Todo ello nos coloca ante una historia de amor y pedagogía, rencor y desconcierto de una sociedad en la que se refugia un sujeto que no acaba de encajar en sus rígidos esquemas.

Contada con buen pulso y sin ningún tipo de aspaviento narrativo, Monsieur Lazhar es una historia agridulce sobre la lucha por la supervivencia, las debilidades humanas y la infancia y sus contradicciones a la que acompañan una sobria fotografía y una elegante banda sonora. La película lanza —¿sin saberlo?— una advertencia al sistema educativo de los llamados países civilizados revelando con elegancia, calor y sutileza los pequeños mecanismos de violencia y alienación en los que se sustenta.

Un film, en definitiva, que, pese a su aspecto didáctico siembra más interrogantes que respuestas y que, desde la sencillez, de su construcción nos deja un buen sabor de boca.

Un aperitivo




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