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Errata

Evaristo Aguirre

Defensa de la novela

Entrevisté a Carlos Fuentes hace cosa de veinte años, y no le saqué a aquella charla todo el partido que hubiera debido. En mi descargo, puedo decir que era una de mis primerísimas entrevistas y que no conocía su obra como ahora, después de haberle leído bastante y con mucho gusto y provecho. (La segunda entrega de esta Errata, allá por 2003, estuvo dedicada a una de sus novelas, La Silla del Águila).

Sí sabía algo, cuando aquella entrevista, a propósito de sus ideas sobre la novela como un género en el que cabe todo y que no solo es un vehículo de propagación de ficciones sino que ha servido, y sirve, en especial en América Latina, y más en concreto durante su movido y fecundo siglo XIX, para difundir ideas políticas, filosóficas, sociológicas. Para un lector constante de novelas, que alguien como Fuentes te dé argumentos para seguir leyéndolas es muy de agradecer.

Parece que hay una edad en la que ya tienes que ir decantándote por el ensayo e ir dejando la ficción un poco de lado; si lees poesía, vale, puedes seguir hasta que te hagas viejo…

Como tantos otros, como el propio Carlos Fuentes, seguro, he aprendido mucho mediante la lectura de novelas, de las buenas y de algunas malas, y he aprendido mucho leyendo al propio Fuentes, en primer lugar sobre ese gran país que es México, y en segundo sobre la historia de España, por ejemplo, tan ligada a la de esa república norteamericana, pero también, y esto es general a todas las novelas que merecen la pena, sobre el hombre, que no es otra cosa que aprender sobre uno mismo, por identificación, por rechazo o por descarte, que todo vale.

En recuerdo del escritor muerto y en recuerdo de mí mismo, de mis lecturas y de mis descubrimientos del pasado, he leído este fin de semana una de las novelas principales de Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz, de la que se cumple este año el cincuenta aniversario de su publicación.

Densa y jugosa, esta novela habla de la historia de México; habla de los hombres que se buscan la vida y que construyen su destino a pesar de los demás y de lo demás, aprovechándose de los demás y de lo demás; habla del éxito y del desencanto; habla del poder y del amor; habla de la violencia y del pundonor… Como para no defender la novela como género.

En aquella entrevista de hace dos decenios, el novelista le habló a aquel periodista pringadillo del territorio –cultural– de La Mancha, que no es sino el vínculo de un escritor latinoamericano con Cervantes y su obra, pero también con tantos otros hitos creativos y artísticos españoles (me acuerdo que habló también de Velázquez), y viceversa, el vínculo desde este lado del océano con lo creado en el otro lado, siempre con la lengua como valor mayor. Luego, ese concepto se ha explotado un poco más de lo necesario desde alguna editorial, pero a pesar de ello no ha perdido nada de su fuerza. Es una buena tradición en la que estar metido.


Carlos Fuentes (1928-2012)

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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