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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

El que a buen árbol se arrima


Take Shelter, dirigida por Jeff Nichols, no es solo una elegante y aplicada fábula de cine fantástico sino una oportuna reflexión sobre el efecto devastador del miedo.

La historia de Curtis LaForche (Michael Shannon), que trabaja en el campo en una pequeña localidad de Ohio, es la historia de una lenta desintegración mental y también la de una crisis social encubierta de personal neurosis y fantasías que se hacen realidad de forma oblicua. Un thriller rural que dosifica sabiamente sus momentos de suspense, extrañeza, ironía, los desastres íntimos y alucinación. Rodada con pulso firme, sobria atención a los detalles, Thake Shelter nos aproxima a las pequeñas desventuras de una “familia común” que se ve sacudida por los progresivos delirios de grandeza del afable paterfamilias y el rechazo de los lugareños hacia cualquier tipo de comportamiento poco convencional.

Grandes fantasmas, pequeños gestos de ternura y tempestades embravecidas surcan el impecable imaginario fílmico de un filme insólito y lleno de imaginación audiovisual además de empatía por sus personajes.

Premiado en numerosos festivales, este singular y doloroso poema en prosa —a pesar de algunos altibajos narrativos y personajes de una pieza—, tiene visos de convertirse en una obra de culto, además de (como, a su manera, la corrosiva Shame de McQueen) en un incómodo y acerado reflejo generacional.

En definitiva, una sombría, compacta y dura muestra de cine fantástico inteligente, sereno y con una más que desazonadora dimensión psicosocial, en el que la alegoría política se disfraza con el velo del mejor cine espectral, muy bien servida por el destacado trabajo de todos los intérpretes.

Un aperitivo




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