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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

La opción B


Es tal la habilidad narradora del periodista, guionista, crítico musical y otras muchas cosas que es Pedro Bravo, que ha sido capaz, con esta primera novela, La opción B (Temas de Hoy), de mantener mi atención durante sus trescientas cincuenta páginas a pesar que todo el tiempo que ha durado su lectura me ha rondado insistentemente una sensación de ya leído que no he podido sacudirme de encima.

Y apunto esto porque la historia, los personajes, los escenarios me han dado la impresión de estar construidos con material de reciclaje proveniente, supongo, de las numerosas lecturas del autor mezcladas con sus propias experiencias y vivencias ─que se intuyen variadas e interesantes─-. ¿Pero quién se atreve a ir de original en los tiempos que corren? Sólo los snobs, me apresuro a aclarar, y desde luego Pedro Bravo, puedo asegurarlo, no pertenece a esa categoría de autores.

En su recién estrenado oficio da unas impecables verónicas a la linealidad del argumento que harían saltar de su localidad en las Ventas a Paco El Tuerto, uno de sus personajes, que dinamitan los arquetipos y modelos anteriores en los que pudieran basarse y logra construir un paisaje y un lenguaje propio en el que el autor se mueve a sus anchas.

Esta historia paralela de dos amigos, Carlos y Marcos, que empiezan sus vidas juntos, siguiendo un mismo camino que en determinado momento se bifurca y los lleva por distintos derroteros en busca, como el agua, de la línea de mínima resistencia. Es sobre todo una historia existencial llena de ritmo y plena de recursos expresivos. En ella, ni Carlos, convertido en narcotraficante, ni Marcos, periodista de la sección de sucesos de un gran diario, cumplen las expectativas vitales que ansiaban pero tampoco se plantean que tienen otras opciones al alcance de la mano y que solo han que atreverse a estirar el brazo y agarrarlas. Y cuando lo hacen ya es demasiado tarde.

Bravo, conocedor de los ambientes que relata, tanto el del mundo del trapicheo y el narcotráfico como el de las interioridades de un periódico, retrata con fluidez y competencia sus variados escenarios tratándolos como un personaje más que influye en la acción, convirtiendo a Madrid, Miami, México, Nicaragua y Portugal en los otros protagonistas de la novela. Sin embargo no logra del todo estructurar la lógica interna de relato y a veces el discurso se pierde entre el aluvión de referencias musicales y cinematográficas del nihilista narrador.

Centrado en sus dos personajes principales, perfectamente diseñados, apena aboceta el resto, que son variados e interesantes, un poco más de complejidad en su diseño no les hubiera venido mal para redondear una novela importante en su género.

Es por eso que, a pesar de estos pequeños fallos, recomiendo absolutamente la lectura de La opción B.




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