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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Cine al desnudo


Después de la buena acogida crítica de la áspera Hunger, ambientada en prisión, el realizador Steve McQueen se sitúa como una de las grandes voces del cine contemporáneo con Shame, una pequeña obra maestra del cine independiente que mezcla con milimétrica precisión la comedia dramática, sexual y negra con el melodrama desgarrado sobre la soledad.

La presencia del sex-symbol Michael Fassbender puede despistar a los que esperen un filme erótico pues a pesar de sus “acrobacias sexuales” estamos ante la historia, dura, sombría y narrada con precisión, de Brandon , maduro un adicto al sexo que logra compaginar su vida laboral con su patológica psicología, y ante la historia de Sissy (estupenda, también, Carey Mulligan) su insegura, cálida y neurótica hermana que está a punto de robarle la película a un espléndido Fassbender cuando “asesina” ante la cámara la canción New York, New York de John Kander y Fred Ebb en un local de espectáculos . Estupenda pues la eclética banda sonora y la nítida fotografía en color así como la forma a la vez desprejuiciada y gélida con la que McQueen se aproxima a sus personajes principales, utilizando planos largos y queriéndolos y odiándolos casi al mismo tiempo.

Shame es una historia urbanita hasta la náusea poblada de despachos, apartamentos de diseño, estaciones de metro, clubs nocturnos y hoteles de lujo donde el protagonista masculino da rienda suelta a sus inagotables fantasías sexuales sin que parezca obtener una gran satisfacción personal de las mismas y donde su hermana lo busca desesperadamente con una mezcla de amor e inseguridad en un filme que a ratos parece frio como el hielo y en otras ocasiones sentido y nítido como la belleza nórdica de su protagonista y en algunos momentos sentimental, tensa y crispada como esa lejana Irlanda de la que provienen estos dos singulares “perdedores” de una sociedad basada en lo material y el culto a las apariencias.

Un aperitivo




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