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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Vuelta a empezar


Ni las tres dimensiones, ni los espectaculares efectos especiales ni la aparatosa historia de amor logran ocultar que Titanic es un melodrama intenso pero anticuado.

El encuentro sentimental de Jack (Leonardo Di Caprio) y Rose (Kate Winslet) se ve arropado por una construcción inteligente de los diálogos y los espacios que, sin embargo, con su insistencia consigue molestar al espectador que busque algún tipo de sutileza. El amor interclasista, la cuidada ambientación de época, el elenco de secundarios son algunos de los ingredientes de este barco fílmico que se hunde en su propia autocomplacencia acompañada por las letras de Celine Dion y por más de un giro argumental tan sabroso como lleno de trampas. No obstante, comparada con Avatar (el gran desastre de Cameron) Titanic es una película algo sobrevalorada pero disfrutable, debido el esfuerzo de sus intérpretes y a la cuidada aunque poco original planificación de una tragedia alargada, llena de momentos intensos, y en resumen más vistosa que sólida. Tanto Di Caprio como, y especialmente, Winslet han mejorado notablemente su calidad como intérpretes aunque pocas veces, se les hayan ofrecido personajes con tal potencia inicial como la de los protagonistas de esta ya legendaria Titanic.

No hay espacios de ambivalencia, o si los hay son demasiado evidentes, en este drama romántico con tímidos apuntes sociales, que, a pesar de su cuidada y elevada producción se queda algo pequeña al lado de El hundimiento del Titanic de Jean Negulesco rodada en los años cincuenta y con más pronunciadas aristas que este descomunal drama con música que tiene algo de Romeo y Julieta y algo de las viejas películas que buscan deslumbrar más que remover el intelecto del espectador. Titanic es pues, un entretenimiento solvente y bien resuelto, pero poco novedoso en cuanto a los aspectos más sombríos del argumento. Hoy por hoy, puede verse, si se quiere, como una alegoría de la Europa en crisis, un barco que se hunde y donde los poderosos se niegan a dar crédito a la posibilidad de que algún día esta inundación y esta debacle económica lleguen a sus camarotes de lujo, petulancia y ambición.

Un aperitivo




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