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Errata

Evaristo Aguirre

Dos siglos atrás...

“¡Ah, lector! La paciencia con que me escucháis bien prueba el poco interés que os inspiran mis dos personajes, y tentado estoy de dejarles allí donde están…”. No es la primera vez que el autor deja de lado su en principio oscura tarea de narrador para dirigirse a ti. Tampoco es la primera vez que se aleja de lo que parece la trama principal para contar otra cosa (llevamos 90 páginas y quedan otras 300). Pero en esta ocasión, te deja un poco parado con la regañina. “Que sí, hombre, que sí me interesa lo que dicen estos dos fulanos con los que has arrancado, pero qué quieres, que me salte estos párrafos…”, te apetece decirle. Pero el hombre lleva más doscientos años muerto y, además, no creo que fuera uno de esos a los que los comentarios de esta clase pudieran hacerle mella.

Estamos, nada más y nada menos, que ante Denis Diderot (1713-1784), sí Diderot el enciclopedista, y una de sus grandes obras literarias, Jacques el fatalista (escrita entre 1771 y 1778). El sello Backlist, de la editorial Planeta, ha publicado una cuidada edición de esta novela dieciochesca, en tapa dura, con la traducción de María Fortunata Prieto Barral y un buen prólogo de Barbara K.-Toumarkine).


Diderot retrado por Louis-Michel van Loo

Hace cosa de un año, una conversación casual me descubrió en un compañero de trabajo a un lector voraz, de largo recorrido y de buen gusto. Desde entonces hemos hablado de libros, claro, y nos hemos recomendado alguna cosa. El otro día, me prestó el ejemplar de este Jacques el fatalista, diciéndome que le había gustado mucho, que le había parecido una novela contemporánea; le sorprendió que un texto del siglo XVIII le hubiera interesado tanto y se había divertido mucho leyéndola. Aludió a esas intervenciones del narrador dirigiéndose al lector (como la que abre este texto) y a las reflexiones a propósito de la ficción literaria y sus trucos que ese narrador hace a lo largo de todo el libro. Y tenía razón en todo.


Está muy bien sentirte tan cómodo en una novela de dos siglos atrás, y resulta curioso pensar en que este recurso de que el narrador intervenga sigue pareciendo algo un tanto osado en la literatura contemporánea que, en general, mantiene unas estructuras que datan de unos tiempos que en otra actividad cualquiera ya estarían superadas y renovadas y sustituidas por otras. Es verdad que aún funcionan, pero en las reflexiones del narrador de Jacques el fatalista se alude con intención crítica a los habituales giros de las tramas, a apariciones que vienen a solucionar callejones sin salida, a resoluciones tiradas por los pelos que todavía hoy (quizá hoy más que nunca) nos encontramos en mucha literatura (sobre todo la de consumo mayoritario, es cierto, pero también en la que pretende ser alternativa) y que aceptamos puede que con demasiada facilidad.

eaguirre@divertinajes.com




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