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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Democracia

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Alicia- ¿Importa realmente a alguien de los que gobiernan qué pasará con las vidas, los sueños y los deseos más naturales y legítimos de las personas que han de vivir, convivir y subsistir durante los próximos años?


La vida humana se supone un regalo, un don, una oportunidad para realizarse y para realizar el anhelo intrínseco a cada ser humano. Nacer ha de suponer el derecho indiscutible a la dignidad por el simple hecho de haber nacido, el derecho a la igualdad de oportunidades, a la igualdad de derechos, el derecho a soñar y a hacer lo posible porque esos sueños sean cumplidos.
Nacer debería ser un éxito, un triunfo, una dicha... Nacer y poder sentirse humano, libre, entero... Poder optar al desarrollo de cualquier faceta y matiz de las cualidades, intereses, aspectos y talentos o habilidades que uno posee, cree poseer o quiere poseer. Nacer y tener derecho a crecer, a jugar, a alimentarse, a aprender y a aprehender, a intercambiar conocimiento, a trabajar y poder optar a un sustento digno y a la vez poder dar sustento a todos los que vienen detrás o necesitan de uno porque estén desvalidos, enfermos, sean pequeños o demasiado mayores para valerse por si mismos. Nacer y optar a la vida debería ser una celebración y debería aportar una tranquilidad, una calma, una sensación de sentirse arropado y en paz. Porque uno nace entre humanos, uno nace en una cultura civilizada, desarrollada, empática, generosa, ecuánime, justa, democrática.
Nacer entre humanos. Debería ser distinto a la mera ley del más fuerte, a la mera supervivencia transitoria, temporal, caduca y finita... distinto a la mera procreación y continuación de la especie. Distinto al reino de los animales de los cuales nos distinguimos supuestamente por ser dotados nosotros de misterio, de conciencia y consciencia entre otras cosas distintivas. Pero, ¿Nos distinguimos realmente pese a estos privilegios de los que nuestra especie es poseedora? ¿Nos distinguimos?
Alicia- ¿Nos distingue el alma? ¿Nos distingue el pensamiento? ¿Nos distingue el sentimiento? ¿Qué nos distingue?
Todo lo que nos distingue y nos hace únicos debería ser honrado y atendido, cuidado y arropado. Todo aquello que nos aporta esa cosa de la que tanto presumen algunos -humanidad- todo ello debería ser lo prioritario a la hora de crear leyes, de dirigir destinos, de establecer normas, de generar sucesos, de hacer historia. ¿Hacia dónde hemos de mirar, hacia dónde ha de encaminarse nuestro presente y nuestro futuro? ¿Para quién es todo lo que se está haciendo ahora? ¿Qué es lo que realmente importa? ¿Quiénes serán dentro de poco los que son niños ahora? ¿Qué de único y de hermoso les estamos ofreciendo a estos niños, para que siga existiendo la fe en el sentido exclusivo y trascendente de la vida, de la propia experiencia vital?
¿Hay alguien de los que ostentan al poder, de los que tocan el poder, de los que usan el poder para decidir, hacer, rehacer e inventar destinos... hay alguien que siga queriendo un mundo mejor, que siga creyendo en un mundo mejor, que siga creando un mundo mejor? Para si mismo y para los demás. Para todos.
¿Hay alguien que pueda oír esa voz, la voz de todos los que tienen derecho a creer que ha merecido la pena estar vivo? 
¿Hay alguien?...

Pequeños Deberes- Atrévete y haz una lista larga, infinita de todas las cosas que querrías ver realizadas, cambiadas, asentadas, dichas, propuestas, pensadas, inventadas, convertidas en realidad... 

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Imagen- Adriana Davidova




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