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Ana Aranda Vasserot

Fengshui

anaarandavasserot@gmail.com


Fengshui

Hace unos días visité al triforio de la catedral de León para ver de cerca sus vidrieras. Las vidrieras necesitan luz para ser apreciadas y los teólogos que planificaron las de esta catedral pensaron en la luz en un sentido narrativo. Las diferentes intensidades y fases de la luz iluminan partes diferentes de las vidrieras y sus temas. El amanecer “alumbra” un dios pantocrátor que está situado en las vidrieras de la zona oriental, y en el ocaso del día, la luz se sitúa en las vidrieras que representan el juicio final.

Este tipo de detalles me fascinan, aunque todo depende de cómo se haga. Un ejemplo más burdo de uso de la luz es la estatua dorada que el dictador de Turmenistán, Saparmutat Niyázov, se hizo construir de sí mismo. La estatua es dorada y gira de tal forma que el sol siempre ilumina su cara.

Pensando en el uso de los elementos naturales en los espacios, me acordé del Fengshui, un concepto exportado de China, que significa literalmente viento (风) y agua (水) y que nació como una técnica de adivinación en la que se trataba de conservar el qi o energía vital. Según las creencias populares, un mago tenía que determinar la disposición de las fuerzas cosmológicas para que la intervención humana no alterase el equilibrio natural. Parece una suerte de ecologismo antiguo.  En la práctica, la idea era buscar un lugar adecuado para realizar una construcción, para ordenar la disposición de los muebles y la ubicación de las ventanas y las puertas. En realidad, la idea no es sólo china, aunque ahora esté tan de moda el fengshui. Si se viaja por los pueblos de Castilla es muy llamativo comprobar que en los lugares más visibles o más bonitos hay una iglesia o una ermita. No parece casual. También la disposición de las casas tradicionales andaluzas para huir del calor veraniego es admirable y en ocasiones asombrosa.

Si bien, hay ideas en el fengshui que hoy por hoy resultan casi revolucionarias por no coincidir con las modas occidentales más que en las últimas décadas. Me refiero a la consideración de que una curva acumula más qi que una línea recta. Es curioso que uno de los sellos de identidad de la arquitecta iraní Zaha Hadid sea el uso de curvas, ya que considera que la línea recta representa una autoridad impuesta. Buckminster Fuller, el visionario arquitecto amante de la curva,  estaría orgulloso de ella. Por cierto hablando de autoridades impuestas y de fengshui, me pregunto: si no hubiera televisión en casa, ¿dónde colocaríamos el tresillo? Y lo que es más inquietante: ¿puede existir el equilibrio que busca el fengshui en una casa con televisión?

Visita la web de la autora:
anaarandavasserot.wordpress.com




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